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martes, 8 de septiembre de 2015

Etiquetando con la telebasura que es gerundio y muy fácil

Para algunos ver telebasura es lo peor ¡PEOOOOORRRRR!, aunque ellos mismos la disfruten de modo directo -en secreto- o indirecto -criticándola-.
En un post anterior me refería a esos licenciados que para subirse un peldaño más en la escala moral o intelectual no dudan en abofetear con supuestos diplomas. Además de esta técnica sencilla de defenestración intelectual del contrario está la quiero describir. Desde la aparición de productos de entretenimiento audiovisual como las telenovelas en los últimos 80 del siglo pasado(véase "Cristal", "Topacio"),

los late night de los 90 y 2000 (véase "Esta noche cruzamos el Mississippi", "Crónicas Marcianas",

los programas de corazón (véase "Tómbola", "Aquí hay tomate"),

 los realities (véase "Gran Hermano", el reality original y por antonomasia que recibe la mayor parte de dardos desde sus inicios véase el vídeo siguiente y su interesante debate con filósofo incluído),

no hay mequetrefe que repare en remilgos a la hora de renegar de estos productos para convertirse en un intelecto superior sin lectura de libro alguno cuando tú admites que ves algún programa o todos los mencionados. Hoy día el que sustenta esta fácil técnica de elevación intelectual es "Sálvame" y todas sus variantes.
Los señores que sacan la cinta de etiquetado desde primera hora de la mañana cual reponedor del Dia, además de pretender hacer creer que ellos no ven "Sálvame", no dudan en avergonzarte censurándote si osas admitir que eres espectador. Curiosamente pueden ser señores que no vacilan en presumir de ser lectores de asuntos como "Los tres mosqueteros", "El Conde de Montecristo", "Crimen y castigo" o "Los Miserables", productos muy cuestionados en su época por el público al que estaban destinados y su forma de entrega y edición. Hoy día se venden encuadernados con más o menos calidad, pero en su día no eran muy distintos como producto de las telenovelas, hijas de estos folletines mencionados.

Señor mío, si ahora hay que catalogar a la gente por el entretenimiento que practica empecemos de una vez a catalogar la superioridad del personal por la calidad de sus excrementos.
¡Basta ya de soplapolleces! El día tiene 24 horas ¿van a resumir el día y la vida de una persona por las dos horas que dedica a reírse de los actuales "Payasos de la tele"? Dicho sin ánimo peyorativo, pero yo que SÍ veo SÁLVAME y no tengo porqué consentir que me avergüencen por ello, lo veo con la mismas intención que de pequeña veía los "Payasos de la tele" o cualquier programa alegre que pusieran a esa hora: buscar algo diferente que te diera buenas sensaciones y que pudieras compartir con los demás, una ruptura de la monotonía, un echar la vista a otro mundo absurdo y cómico más allá de la diaria obligación de ordenar y compartimentar objetos, conocimientos y suciedad. Hasta donde yo sé buscar motivos para reír es sano.
Ya, ya, ahora me dirán que reírse de los demás es inmoral y es eso lo que hacen en este programa ¿en serio me va a decir alguien que no me puedo reír con los colaboradores y de gente que cree que por vender su vida están exentos hasta el fin de los días de coger un mocho o una pala? Ja, ja, cuando un payaso se maquilla sabe a lo que se expone al salir a la pista del circo, convertir su actuación en algo digno de alabanza o en algo merecedor de burla depende de su talento y su actitud. Esto no quiere decir que no haya límites, pero no me pidan que respete a vendedores de paternidades tardíamente reconocidas, cagaplayas con palo o señoras que cobran a 6.000 euros lo que mi vecina hace con el karaoke en su casa.
Para justificarme podría dar mi lista de libros leídos, mi currículo, mi expediente académico, mi historial de internet ¿pero de verdad tengo que justificar una semana entera por unas cuantas decenas de minutos que dedico a no saturarme con problemas "serios" y ajenos en los que no puede intervenir más que con mi voto cada cuatro años?
¡Acabáramos! La rectitud moral y la superioridad intelectual se demuestra de otro modo, no presumiendo de los programas que supuestamente no ves aunque para criticarlos sea evidente que lo haces.
En cualquier caso mejor dedicarse a esto que a ponerse en corrillos físicos o de whatsapp a generar mal ambiente contra el chivo expiatorio de turno haciendo y haciéndose uno mismo mucho daño.


sábado, 20 de junio de 2015

“La caricia de Tánatos”, literatura y una realidad perversa



Hay personas expertas en jugar con dos, tres e infinitas barajas. Su vida es doblez por completo. No hay un sólo aspecto de su vida en el que no sea un traidor. Lo peor de esto es que en general el tipo caiga bien, como es el caso de mi espécimen objeto de descripción. Si pones cara de huérfano maltratado por la vida, sonríes y vas contando tu triste historia por doquier, da igual lo chivato que seas, lo infiel que seas, lo falso que seas, que la gente aún así te querrá. Y es de admirar, lo que a cualquier mortal nos serviría para condenarnos a la ira humana y divina por el resto de lo eones a ellos les sirve para hacerse perdonar y conseguir vidas para su siniestro juego de perversión. Porque alguien adicto a engañar, a hacer ver lo que no es, tiene que disfrutar con ello, y eso, por fuerza, ha de ser perverso en cualquier parte del mundo y en cualquier religión o código de conducta.


Si te tocara en suerte un amigo así al menos tienes la opción de evitarlo, mandarlo al garete, o elegir en qué aspectos de tu vida quieres aguantarlo a no ser que tus escrúpulos morales sean absolutamente inflexibles y hasta la mera presencia del individuo te provoque arcadas cuando recuerdas sus anécdotas. Como compañeros de juerga pueden ser hasta divertidos, si te cuenta sus trastadas con gracia y te paga alguna copa. Pero si te toca en “suerte” como compañero de trabajo, como novio/marido o como familia, uff, ¿cómo te quitas a semejante truño de tío de encima?


Con este tipo de sujetos es ir siempre caminando por el desfiladero más helado. Y lo peor es que en muchas ocasiones ni te darás cuenta de con quién estás dando. Sólo si te cuenta que de niño fue expulsado de la escuela porque su compañera de colegio víctima de su acoso se quiso tirar desde la azotea del colegio, puedes vislumbrar que por cómo cuenta ese suceso, sigues estando ante el mismo hijo de puta acosador, pero con muchos años de “escuela” que han refinado sus procedimientos.


Hace poco leí “La Caricia de Tánatos” de María José Moreno, y a medida que iba leyendo me sorprendía cada vez más porque llegué a pensar que el antagonista de esta novela era un fiel reflejo del personaje al que me refiero. Por la situación geográfica donde desarrolla su actividad profesional la escritora, y a la vez radica la acción de la novela, llegué a dudar aún más de mi conjetura (el tipo que sufrí es de por allí). Es como si la escritora hubiera conocido al mismo personaje que yo, pero para echar este pensamiento de mi cabeza deduje que puede que haya muchos sujetos como el referido y se influyan mutuamente. Y creo que deduzco bien, porque el trastorno narcisista de la personalidad es algo demasiado frecuente en estos días, más bien es una plaga. Como decía Lorenzo Silva en el prólogo de “Consummatum est” hay demasiados psicópatas que escudan su sadismo y sus actos violentos en sus tristes infancias. ¿Y quién puede presumir de haber de haber tenido una buena infancia? Muy poca gente, yo al menos creo conocer sólo a dos personas. Quien más, quien menos, tiene en esa época de su vida episodios aciagos que marcan los recuerdos y, por tanto, la personalidad en un tanto por ciento variable según los casos. Matemáticamente es tan poco beneficioso dedicar el resto de nuestras vidas a compensar los tristes episodios de los que se vio teñida la felicidad de nuestra niñez que sorprende que personas que se tienen por inteligentes consagren el más mínimo esfuerzo a vengar estos agravios infantiles.


Se pueden llegar a escuchar cosas como el resquemor hacia un padre ausente debido a un divorcio acaecido en la temprana edad del muchacho. Y yo digo: ¿cuántos seres humanos son directamente huérfanos de padre, madre, o de los dos? ¿cuántos niños se han criado con sus abuelas porque sus padres trabajaban lejos y mucho? ¿cuántos niños teniendo padres eran ignorados por éstos? ¿cuántos niños eran convertidos en adultos para ejercer la tutela efectiva (la real) sobre sus hermanos más pequeños? 


¿Tantos traumatizados hay? Quizá debiéramos remontarnos hasta el origen de esta exigencia general de infancias felices, pese a que muchos de nosotros nos hemos educado con cuentos como Cenicienta, Blancanieves, Bambi, Pulgarcito, Hansel & Gretel, protagonizados por niños con ciertos "problemillas" (no spoil) a su alrededor, existe una idea extendida de que las infancias debieran ser felices sí o sí, pasando de los ejemplos de los cuentos, que son sólo cuentos. Y me resisto a creer que incluso siendo niño, y ya de mayor se elabore la idea de que las desgracias y los pesares sólo deben ser para los demás como si esos “demás” fueran más merecedores de las injusticias y los agravios varios que ellos mismos. Y son esta clase de personas que se sitúan, con respecto al resto de los mortales, en otra esfera de realidad las que acaban repugnando toda norma, escrita o no, que deban obedecer, y ni tan siquiera la acatan cara a la galería, llegando a presumir abiertamente de sus comportamientos machistas con sus novias, sus conductas poco bien vistas en el trabajo, etc. Su desprecio por la norma, hasta la que conviene a su salud es tal, que pueden estar presumiendo de la cantidad de productos para culturistas que se meten pese a ser delicados de riñón y estar advertidos por el médico, pero como ellos mismos dicen: 


“Es que si voy a la playa y no me miran las tías me deprimo.”


Esta frase, la de justo encima, entrecomillada y centrada, es la que puede resumir con toda exactitud un trastorno narcisista de la personalidad, alguien que, partiendo de carencias y complejos alrededor de las mismas, intenta llamar la atención para sí de forma enfermiza, pues como acabo de describir es capaz de dañarse la salud con tal de conseguir piropos y miradas de admiración. Pero hasta lo que acabo de escribir sólo se daña él mismo, pero los trastornos se definen como ese comportamiento que se sale de lo habitual y que produce daños a otros o al propio sujeto que lo ejerce. Y el trastornado puede atiborrarse de anabolizantes, pero si le dices algo en broma en contestación a un consejo no pedido por ti, puede hacértelo pagar muy caro, y lo hará en aquello que crea que te va a doler más: si te acabas de comprar un coche, te lo rayará; si eres muy cumplidor en el trabajo, te comprometerá para que quedes mal; si tienes amigos, intentará volverlos contra ti; y así hasta el infinito. Y aquí ya entramos en la psicopatía, ¿un psicópata nace o se hace? En los últimos años debido a los productos audiovisuales de entretenimiento, así como la literatura, esta figura de la Psicología/Psiquiatría se ha puesto tan de moda que hasta un invitado puede soltártelo como un insulto mientras te rechaza el pollo. Un psicópata no es por definición un asesino en serie, aunque en un asesino la psicopatía puede ser un acelerante como la gasolina en una fogata. Un psicópata es un tipo que tiene un procesamiento anormal de las emociones, y siguiendo la explicación tópica y simplista, tiene mucha dificultad para empatizar (es esa sensación que experimentas cuando un amigo tuyo te cuenta que se ha pillado el prepucio con la cremallera, por ejemplo) con otro ser humano o no empatiza, con lo cual dudará menos en lanzarte objetos a tu pierna recién escayolada que otro ser. Y visto lo visto, psicópatas hay de muchas clases. En el caso del trastornado narcisista, si es congénito o degenera en psicópata, verás que su obsesión vengativa por la más mínima afrenta le llevará a tales extremos que pasará incluso por encima de su propia conveniencia, ya no digamos la de los demás.


Pongamos por ejemplo que la venganza consista en rayar el coche de su ofensor:


A) Un no psicópata valoraría la idea de vengarse intentando proyectar las posibles consecuencias de sus actos basadas en las reacciones de la gente. Digamos que yo pensaría más allá de consideraciones morales sobre el perdón, que si rallo el coche y no me descubren, quizá pudieran culpar a otra persona y esa persona podría acabar reaccionando violentamente y acabar todo en una pelea en la que pudieran resultar heridas personas inocentes de todo.


B) El psicópata aunque entrara en estas consideraciones, no sabría valorar, o no lo haría, las posibles reacciones de las personas ante su acto vengativo de rayar el coche.
Podría seguir hablando de los psicópatas, pero nos quedaremos en el trastorno narcisista de la personalidad tan frecuente en estos días, y tan bien visto, no en vano a mediodía se nos obsequia con altas dosis de este trastorno en ese programa tan recomendable para distraerse sin mayores consecuencias (sarcasmo) que es MHYV. Una cosa es tener amor propio y otra ciertas personalidades que pueblan estos medios.

P.D.: Durante la acelerada escritura de este artículo he tenido dudas ortográficas entre rallar y rayar, así que os ofrezco este enlace por si os ocurre lo mismo.
Creo haberlo solucionado, pero sigo sin quedarme con ello. Eso sí, cuando diga "Me estoy rallando", me imaginaré un rallador de queso; y cuando diga "Me está rayando la pintura", me imaginaré a Llum Barrera rayando el coche en "Diario de una ninfómana".




domingo, 2 de septiembre de 2012

Los supositorios


Existe un género de personas, no lo suficientemente definido, pero que yo denominaré “los supositorios”. Son personas muy dadas a no apreciar el silencio, menos aún un silencio a tiempo.
Es gente que el término “método científico” le suena muy lejano, algo de universidades, de gente listilla, pero nada que ver con ellos. Con lo cual para nada aplicarán el método científico a su locuacidad, ni por mera prudencia, o la buena educación recibida de sus padres. Así que para estos seres supositorios, hablar es gratis, todo lo más que se les demanda es un trago de líquido de vez en cuando para reponer la saliva perdida.
En el mundo de los seres supositorios la imagen, el honor y el respeto son cosas que han oído alguna vez en Sálvame cuando el presentador ha tenido que leer una sentencia condenatoria. Ellos jamás sabrán de ese tipo de sentencias, porque al menos los medios de comunicación se identifican en sus fechorías, un ser supositorio no; porque el ser supositorio lanza al mundo sus suposiciones y cuando éstas empiezan a rodar y llegan al protagonista la suposición en cuestión, ya no hay modo de saber quien la echó a rodar en un inicio.
Un supositorio no es necesariamente un mentiroso, no es un calumniador ni un injuriador, y tampoco ha de tener necesariamente mala fe al generar sus suposiciones. Es alguien que sencillamente cree disfrutar de una buena conversación en la que quiere un poco de protagonismo.
El supositorio no es normalmente el que comienza a poner a alguien en el disparadero. En una conversación sobre Doña Gumersinda, el supositorio sólo añade datos de sus suposiciones a la historia. Si se dice que Doña Gumersinda es una cincuentona separada que se vino a trabajar para estar al lado de su amante. El supositorio añadirá algún dato cierto y lo relacionará con otro para dar fuerza a su hipótesis. Por ejemplo: El supositorio añade a la conversación que nunca ha visto más que una vez al novio de Doña Gumersinda, que sería idóneo que el novio viniera de vez en cuando porque el casero de Doña Gumersinda no quiere alquilar a solteros. Éstos únicos hechos llevan al supositorio a lanzar su suposición:
“¿Os acordáis de aquel chico gallego que empezó a enamorar a una por internet y se divorció de su mujer y pidió un traslado a su empresa a Ceuta, donde vivía su cibernovia? Que luego la tía le dijo que qué hacía allí, que una cosa era tratarse por internet y otra que se presentara así por las buenas. Ése.” El supositorio toma resuello: “Pues yo creo que... a Doña Gumersinda le ha pasado lo mismo, ha deshecho su matrimonio, se ha venido aquí, y ahora el novio no quiere saber nada de ella.” El supositorio queda conforme, los demás se le quedan mirando. Y al poco tiempo el propio supositorio oye su suposición, pero sin “Pues yo creo que...”, sólo oye sus palabras, para nada textuales, y para él eso es la confirmación de que sus suposiciones son realidades, con lo cual se dedica a repetir con más ahínco su hallazgo. Mientras tanto, Doña Gumersinda ve con la frecuencia que su trabajo le permite a su novio que está en el hospital desde hace varios meses.
Ser justo en la vida hablando es un propósito que nadie se hace. Cuando se toma la vida de alguien en una conversación todos cuentan con que esa persona no se enterará, o que si se entera, los más retorcidos, piensan, que esa persona no tendrá narices de recriminar las habladurías de las que ha sido objeto.
Total, por un momento de contacto humano a través de una conversación atentatoria contra la intimidad y la imagen de cualquiera, bien vale el sacrificio. Pero todos estamos en el mundo, y todos somos potenciales protagonistas de conversaciones de este tipo. TE PUEDE PASAR A TI.
Uno puede hacer en su casa lo que quiera, incluso ser un supositorio, pero una vez se sale de la puerta para fuera las palabras que se profieran no son ya dueñas de uno, pero el daño sí, moralmente el daño es siempre de quien genera una suposición. A ciertas edades uno debe saber lo de: Uno es esclavo de sus palabras y dueño de sus silencios. Porque si no puedes acabar convirtiendo a la amiga de alguien en su hija sólo porque es bajita. O achacando locuras a alguien que gusta de ser una persona hogareña y con pasatiempos que no son al aire libre o al calor de una barra de bar. O incluso puedes convertir en pobre de solemnidad a alguien sólo porque su coche tiene un defecto de fábrica en la pintura, pero anda de maravilla, pese a su aspecto cochambroso. O convirtiendo en amante de una al amigo del marido sólo por verle entrar con frecuencia en la casa. O decir que porque la novia de un tío está muy buena es que la ha sacado de un club, sólo porque el chico es horroroso. Y así hasta el infinito. 

viernes, 5 de agosto de 2011

El hombre que veía caras deformadas y señoras que venden ramas rumanas


El hombre que veía caras deformadas

Conozco por referencias más que por un contacto directo a un tipo curioso, bueno, para mi desgracia tuve contacto directo cuando para saludar a unas personas estando yo sentada se puso tras de mí y apoyo su mano en mi espalda, justo debajo del cuello: BUAAAG, QUÉ ASCAZO. Casi todo el mundo le considera raro, pero muchos se equivocan al considerarlo inofensivo. A simple vista es un señor bajito que podría representar treinta años, aunque en realidad tiene más de cuarenta, y no es porque la vida lo haya tratado bien o él se trate bien a si mismo, es porque su naturaleza ha debido otorgarle privilegios suficientes como para no aparentar su edad o más edad de la que tiene. Su naturaleza le ha hecho fuerte frente a la calvicie, las arrugas y el castigo de la mirada. Alguien que no supiera nada de él le podría considerar bajito aunque follable. Pese a que es un follador vividor, más vividor que follador, aparenta ser un hombre serio y responsable. Y debe ser así en algunos aspectos de su vida, pero no en el principal.
Es el típico divorciado que resentido se niega a si mismo poder reanudar su vida en forma de relación estable. Está disponible para todo aquel follador vividor que quiera llevárselo como escudero, y si le cae algo mejor que mejor. Porque lo que sí se sabe por estos hidalgos a los que sirve, es que bebe y bebe y se acaba quedando dormido en una silla o en una barra de bar, o en la mesa de un banquete de bodas. Además es el típico trepa, chivato, pelota (con decir trepa hubiera bastado, ya que trepa lleva aparejado ser chivato y pelota por lo general, pensaré en ejemplos de trepas que no sean chivatos o pelotas… no se me ocurre nada).
Aunque es fácil adivinar que el tipo es un mar de complejos –superar que te dejen es muy difícil: autoestima por los suelos o como diría el Rancio: ¡Ostia Terrible!- él se vende a si mismo como un medio rico que gracias a la buena venta de un piso tiene un caudal que invierte aquí y allá, caudal que presume no haber compartido en el divorcio, y que veranea en la costa y SOLFEA, sí señores, el prodigio de muchacho, además de intentar encaramarse a una tabla y resbalar sobre alguna ola debe hacerlo dando la nota, o sea solfeando: do, re, mi…
Además presume de padrazo, eso sí, padrazo telefónico, de esos que controlan a las niñas púberes llamando cada media hora.
Esto y otros detalles inducen a pensar que el tipo es un fantasma, y que tras esas historias sólo se esconde una necesidad de ser admirado, de llamar la atención, y de alejarse de su triste realidad, que no es más ni menos triste que otras, pero para él debe ser muy vergonzoso. Nadie va diciendo por ahí: “Soy un desgraciado que temo comprometerme con una mujer por que la mía me lo hizo pasar muy mal -¿cuernos, abandono, desamor?-“. Así que el tipo como no puede integrarse con los casados se vuelca en los solteros, con tan mala suerte que todos ellos destacan más que él porque le sacan una cabeza y son menos metepatas, con lo que acaba haciendo de su escudero durmiéndose en la barra, o tirándose a la amiga del compañero de juerga.
Pero las resacas son muy duras y más a ciertas edades, aunque éstas no se aparenten, y de repente miras a tu alrededor y descubres que ese que considerabas un pringado ya no te lo parece tanto, que al fin y a la postre si no busca chochos es porque no los necesita porque el que tiene en casa le sirve, y además no bebe, y además no sucumbe a los problemas por graves que estos sean, y además su mujer no le deja porque su vida profesional sea un infierno (lo que le ocurrió a él). De repente a ese tipo le molesta que ese pringado le diga que debería recogerse y buscarse una compañera, que está muy delgado –y una halitosis espantosa delatora de sus problemas estomacales, de sus malos horarios, de su malos hábitos de comida a base de bocadillos y en definitiva de su mala salud; pero no le dice que le canta el pozo-. Gran error, el que el enano considera El Gran Pringado ha traspasado una ignorada frontera y ha de pagar por ello: “Pues tú y tu mujer tenéis la cara deformada de lo gordos que estáis”. El tipo que recibe este pago a su preocupación, quizá intrusiva, pero preocupación empieza a sentirse mal, siente naúseas, mareos, un mal rollo creciente, y desea abandonar el lugar que por obligación ocupa con El Hombre que Veía Caras Deformadas. Tiempo más tarde el Aconsejador de Matrimonio Estable ve como el que sólo era un tipo raro para los demás acaba dando su verdadera cara bajo el influjo de una monumental borrachera bautizando nonatos en una celebración publiquísima sólo porque la madre del nonato le rechazó la oferta.
Mucha gente disculpa a los beodos en todo lo que hacen o dicen bajo el efecto de las bebidas espirituosas, pero el Aconsejador puede dar fe ante Notario Trajeado Gordo y Serio que el día que fue agredido por El Hombre que Veía Caras Deformadas, éste, iba sobrio.
Por finalizar con el rápido retrato de H.V.C.D. decir que no sólo ve Caras Deformadas, sino que además ve una puta rumana –anótese que el tipo tenía especial empeño en dotar a la individua de esta nacionalidad- en toda mujer guapísima que esté con otro hombre que no sea él, y él considere que ese hombre es más feo, gordo, etc. que él. Y como lo único que el Hombre que Veía Caras Deformadas y Putas Rumanas tiene un coche enorme y medianamente caro, al contrario que el Feo, Gordo aunque muy Alto novio de la Puta Rumana, pues aparca el coche todos los días frente a la ventana de la muy guapísima, supongo que para llamar su atención y que la tia piense: “¡Guau! ¡qué cochazo! Voy a saltar por la ventana y me voy a ir con ese enano de pelo muy muy poblado, ojos vidriosos y tez pálida!”.
P.D.: Como es fácil suponer, la supuesta puta rumana –NO TODAS LAS RUMANAS SON GITANAS O PUTAS, JODER CON LOS ESTEREOTIPOS Y LA PUTA XENOFOBIA- no era ni puta ni rumana, sólo era una tía nacional, Tía Buena de Profesión, con los ojos los suficientemente cerrados y eso que los tiene grandes la jodía, para ignorar que su gordi casi la reemplaza por una tia no tan buenísima como ella, pero de mejor carácter que ella sí.