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viernes, 12 de octubre de 2012

Sustancialmente virgen o la Marilyn Monroe de nuevo cuño


Hace mucho tiempo que sé que pocas cosas pueden sorprender ya en la vida. Pero es digno de mencionar las novedades. Quien consigue sorprenderte merece tener el honor de preservar ese recuerdo en tu memoria.
El personaje de Marilyn Monroe siempre me había parecido en mi infancia y mi adolescencia insufrible. Pero en la época en que JFK era la película de moda, junto con el resto de sus compañeras fruto de la cabeza de Oliver Stone, surgió junto con esa oleada de puesta de moda del personaje de Kennedy la figura de su insigne amante. Ahí me pilló, la larga sombra de Marilyn, por su persistencia a lo largo de los años me cogió en plena afición a las teorías de la conspiración, al cuestionamiento de la autoridad dominante. Estados Unidos, hasta entonces, era para mí el sumun de la modernidad y la perfección empezó a hacer aguas. Así fui acercándome al personaje de Monroe, por el final, por su muerte, su final lleno de preguntas sin respuesta. Años después de JFK, llegó a mis manos la novela de Joyce Carol Oates. Era una biografía novelada. Y dejé llevarme por esa pena que se siente por las mujeres cuya dignidad no tiene nada que ver con cómo y quién practican el sexo. Personajes endurecidos por el abandono y el desprecio de hombres que sólo buscan la carátula, el maquillaje, el trofeo, y para nada la mujer real a quien convertir en compañera, en objeto de cuidados y de respeto.
A lo largo de mi vida he conocido y hasta hecho amistad con mujeres guapas y deseadas por todo bicho varón que las observara. Pero en un entorno académico, estas guapas eran además listas.
Décadas después me topo con la real encarnación de Marilyn Monroe. Llegada del universo español más parecido a Los Ángeles que pueda haber en España. Hasta el motivo por el que llegó aquí atenta contra su dignidad, pero ella no lo descubrió hasta pasadas unas semanas. Creyendo que tenía un novio en la distancia, éste la chantajeó emocionalmente para traerla a vivir con él y llevar a término el famoso dicho “un clavo saca otro clavo”. La chica dejó su trabajo, hizo las maletas y se presentó. Por unos avatares acabo hablando con ella. Se siente cómoda y por no sé qué motivos me hace la revelación:
“Soy Virgen”, mi cara de cartón piedra, porque yo sé de primera mano que no lo es. Y me aclara.
“La sustancia del hombre nunca ha entrado en mi cuerpo, por eso soy Virgen”. Y ahí no supe donde meterme. La eficacia del autoengaño no conoce límites. Su caso era peor, no paraba de decir:
“Yo soy una señorita”, mientras por su amante de turno sabíamos de sus proezas sexuales que dejarían en pañales a la protagonista de Garganta Profunda.
Por más que diversas culturas se empeñen en basar la virginidad en un tejido biológico: el himen, lo cierto y verdad es que la virginidad es más un estado espiritual que físico. A poca imaginación que se tenga se pueden encontrar ejemplos de ello, y que no mencionaré por su truculencia. Pero un ser humano puede ser sujeto pasivo de un acto sexual, y no perder su inocencia, dado que no sabe en qué consiste ese acto. Hasta aquí -más fino no se puede decir-. Por lo tanto perder la virginidad representa la pérdida de la inocencia, una chica puede conservar físicamente su himen, y hacer muchas otras cosas más.
Otras perlas que obtuve de mi conocimiento de esta reencarnación de Marilyn fue:
“Si no respeta mi alma, no tendrá mi cuerpo”, dicho mientras ya se estaba tirando a otro tío que no era su novio.
“Me ha caído pelo de un cliente y me he echado lejía en el pie”.
“Esto está muy distraído –sucio-, y esto también“.
“Limpia porque la obliga el marido”, dicho de una vecina.
“Es que si limpiáis nos dejáis por unos guarros” dicho a unos vecinos sobre la escalera del portal.
“De qué me sirve estar buena si estoy sola”.
“Soy empresaria, estoy buena y estoy preparada”, dicho a su novio.
“Mi novio es macavélico”, refiriéndose a los que emulan en su proceder a Maquiavelo.
Estas chicas pasan por cándidas, pero no, es un personaje muy currado, hacerse las tontas, soltar mentirijillas y poner cara de que van a llorar. A lo mejor aparentan estar avergonzadas cuando son pilladas en un renuncio, pero enseguida se recuperan y son capaces de relacionarse con quien les pone en solfa si con ello obtienen un rédito. Tienen una maña intuitiva, que funciona bien en planes a corto medio plazo. Pero a la larga sus distracciones las llevan al fracaso. Acaban siendo presas del personaje tontorrón que han creado y en lugar de ahorrar para su gran empresa son capaces de gastarse el dinero en unos zapatos, unos bolsos, o  unos trapitos, en lugar de administrarlo para su gran objetivo. La alimentación por supuesto es un gran coadjutor en el colapso de los planes de estas mujeres. Aunque pongan negocios, no pierden de vista el sueño de tener un hombre a su lado como las otras mujeres a las que tanto detestan, y por eso, en lugar de fortalecerse para trabajar, ayunan como un lama tibetano y se mantienen a base de café y su cafeína, además de otras cosas terminadas en –ína.
Es muy común acabar compadeciéndose de ellas, o involucrado en algún episodio de su vida porque ella lo ruegue como damisela desamparada. Pero al día siguiente están frescas como lechugas, e incluso para quedar bien con su enemigo del que dependen en algún aspecto o varios, culpabilizar y reprochar a quien la ayudó.
Las Marilyn del mundo son supervivientes, manipuladoras, chantajistas emocionales y grandísimas mentirosas. Compadecerte de alguna de ellas cuando sus problemas son de evidente autoría propia, es echar margaritas a los cerdos. Su belleza es un instrumento que han aprendido a pulir a lo largo de los muchos años que tienen, aunque digan que tienen 23, pero ya rozan los 35.
Si una mujer miente a otra mujer en la edad, lo hará en todo, sin miramiento, total, para estas Marilyn las mujeres son potenciales competidoras, seguras críticas, son lo que han  visto toda su vida y sufrido, padecido la envidia por su belleza o el desprecio por el uso que hacían de la misma.
Otra característica de estas Sustanciales Vírgenes es lo bien currada que tienen la melosidad, como ronean incluso cuando saludan a una potencial víctima de su arma de destrucción masiva.
Puedes escucharlas decir “Ojalá fuera fea”, pero no, nunca se desharían del don que la naturaleza les otorgó y que les facilita la vida en grado sumo. Y tan seguras están de su don que el tiempo pasa, el problema de quien cultiva el cuerpo y las mañas para usarlo como ventaja es que no cultivan nada más. Cuando quieren acordar se convierten en Alex, el personaje de Glenn Close en ATRACCIÓN FATAL, sin pareja y bajando el listón de sus miras considerablemente con tal de conseguir lo único que no tienen y sí tienen todas las mujeres de su edad alrededor: pareja y algún hijo. Así, pensando que están con un superhéroe vocacional, descubren que el superhéroe ha estado tras otras mujeres, y de ese modo tras intentarlo con varios acaban con el último de la fila, el más facilón. Pero hasta ése acaba tomando lo que quiere de ella, y si la pone en aprietos la deja sola y se busca otra tía como muralla de contención para que Marilyn no le pida ayuda.
Sí, son dignas de lástima, pero su capacidad de recuperación es inusualmente rápida. Y mientras quede rimel y delineador en el bolso, nunca estarán demasiadas horas entregadas al desaliento.

Sobre la película Los Abrazos Rotos



Ser un director consagrado no da patente de corso a todas sus películas para que éstas sean consideradas obras de arte por ensalmo.
Reconociendo que el guión, los Flash Back, son siempre un logro. Superponer dos historias que son una complemento de la otra es jugársela a que el espectador se impaciente y pase de la película. El do sostenido de conseguir intrigar al espectador es una labor ingente que ya ensayó en La Mala Educación, donde la filigrana era harto difícil, e igualmente se arriesgaba. Porque en un inicio las dos historias, aunque a priori el espectador ducho ya sabe que tienen que ver, tienen que interesar por separado. Y en Los abrazos rotos hay un punto en que ese interés puede decrecer, pero ahí está la labor de una buenísima actriz, para sugerir la intriga, sin palabras, sólo con gestos y tono de voz, con eso basta para encender la chispa de la conexión que se establece entre una historia y su espectador. Blanca Portillo lo borda, y lejos de ser una secundaria de categoría se convierte en la protagonista, lo que consigue en el último tramo de la película. Todo el tiempo sabes que Portillo oculta un secreto a causa de la historia de Arthur Miller en la que Mateo/Harry pretende basar uno de sus guiones. Una historia que a mi parecer debió ser sugerida y no contada, porque prácticamente está desvelando todo, pero Almodóvar corre el riesgo, para él ésa no es la historia importante. Aunque intenta resaltar la pérdida como artista y como amante de Mateo/Harry, Judit se impone, como la Señora Danvers acaba siendo más protagonista que la segunda señora de Winter e incluso la primera. Judit (Blanca Portillo) acaba acaparando la atención de toda la historia. Todas las miradas curiosas están en torno a ella –eso, si te sucede como espectador, aquí se habla de una percepción personal de la película-.
Los Abrazos Rotos, sin ser una obra cumbre de Almodóvar, es un entretenimiento para los muy fans a quienes no les habrán pasado desapercibidos los autohomenajes encerrados en el film. “Chicas y maletas”, la última obra dirigida por Mateo/Harry no es otra cosa que una recreación de “Mujeres al borde de nervios”, pieza a la cual remito a quienes quieran hacer un revisionado de “Los abrazos rotos” si no han apreciado esta semejanza. Primero ver “Mujeres...” y después “Los abrazos rotos”, es un disfrute para quienes encuentren las claves. Por supuesto no hay que hacer paralelismos con la realidad, o ¿quizá sí? Porque sí intentas recordar si Lena (Penélope Cruz) tiene algo que ver con Carmen Maura. Y si esa relación tan intensa con enfado incluido entre Pedro y Maura se refleja de algún modo en “Los abrazos rotos”.
Un punto de la película sumamente interesante, pero no suficientemente explotado en mi opinión, es la ceguera de Mateo/Harry: cómo alguien que vive de y ama lo visual puede readaptarse a un mundo sin imágenes. Cómo se sobrevive a perder el amor y tu herramienta de trabajo a un tiempo. Quizá la historia más antigua hubiera bastado por si sola para llenar la película, y que la historia más moderna donde se desgranan todo lo que quedó oculto fuera un epílogo.
Lo demás son ingredientes accesorios que enriquecen el argumento para que forme parte del universo almodovariano al que nos tiene acostumbrados, historias entre lo berlanguiano y lo folletinesco, pasando por escenas que tocan la cima estética: el hijo no reconocido lazarillo, la mujer abnegada y enamorada que lo da todo ignorada, el hijo del millonario émulo del personaje de Victoria Abril en “Kika”, los dedos de Mateo/Harry desplazándose por las hojas en Braille, y crear situaciones como la del niño que conoce la playa por primera vez, mientras su ignorante padre de su mano conoce por primera vez la playa sin verla. Pero nunca se nos debe pasar por alto lo más importante la denuncia social que supone toda la historia de Lena. Como la mujer es objeto de explotación de múltiples maneras, como su condición nunca elegida le hace ser acreedora de ciertos tratos en la sociedad imperante. ES MUY DURO SER MUJER EN LOS 80, como decía Jessica Lange a Dorothy Michaels en Tootsie, pero seguirá siendo duro en los 90, en los 2000 y siguientes. Mientras haya hombres dispuestos a ofrecer a cambio de sexo y mujeres acorraladas por las circunstancias a quienes no les quede más salida que ofrecerse para salir de una tragedia, la mujer seguirá siendo ese 2º SEXO, un ser supeditado a los hombres en todos los aspectos, porque si al menos todo quedara circunscrito a un intercambio de favores mutuo, nada tendríamos que objetar los demás si ese intercambio es libremente consentido, pero la absoluta creencia de muchos hombres en que una mujer es algo que coger y dejar, pero que ella no es libre para dejar o coger cuando quiera es algo en lo que debemos trabajar todos. Hombres y mujeres debemos ser conscientes de hasta donde un amor o enganche sexual justifica coartar la libertad del otro; o como sucede en el caso de Mateo/Harry, tomar de una amante aquello que desea sin preocuparle en qué lugar le deja, sin darle más amparo que el camerino o despacho donde clandestinamente tienen sus encuentros.
A lo mejor sin pretenderlo, la película dentro de la película, lo sucedido con ella –no quiero desvelarlo- es un grandísimo homenaje a los montadores, personajes no suficientemente valorados en el engranaje de la industria, gente con el talento de cortar y pegar justo en el momento y lugar adecuados, de ordenar historias imposibles como es el caso, con una cierta lógica que el espectador pueda asumir, o incluso de prever que faltan escenas y que hay que rodarlas. Los casos en las que un buen montaje ha salvado una mala película y a la inversa se recogen en los epítomes de Historia del Cine. Y con el trasunto de la película “Chicas y maletas” podemos ver si Penélope Cruz es actriz o no, como alguien tan atacada en su talento puede interpretarse sin talento en tomas, y con mucho talento en otras ayudada por Carmen Machi ejerciendo de una parodia de Candela, comprometida esta vez por narcos en lugar de terroristas chiítas.
Lo que más se agradece siendo incondicional de “Mujeres al borde de un ataque de nervios” es el rescate en pequeños papeles de las que allí fueran actrices. Chus Lampreave haciendo de nuevo de portera, Rossi de Palma haciendo el personaje que encarnara en su día Julieta Serrano.
Aunque breve, destacar la presencia de Ángela Molina, una presencia impresionante, una mujer que representa la edad que tiene o más, que no ha cedido a la apisonadora estética de nuestros tiempos en forma de quirófano y que sigue atrapando la cámara como hiciera en sus inicios con su voz rota y tragada. Un homenaje a su tierra creo que es lo que hace a través de esta mujer, y encarnando a tantas mujeres que se ven con enfermos a los que apenas pueden atender por la insuficiencia de recursos debida a múltiples causas.
Si nunca has visto una película de Almodóvar no te recomiendo que empieces por aquí. Para ver Los abrazos rotos, necesitas toda la filmografía anterior.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Los supositorios


Existe un género de personas, no lo suficientemente definido, pero que yo denominaré “los supositorios”. Son personas muy dadas a no apreciar el silencio, menos aún un silencio a tiempo.
Es gente que el término “método científico” le suena muy lejano, algo de universidades, de gente listilla, pero nada que ver con ellos. Con lo cual para nada aplicarán el método científico a su locuacidad, ni por mera prudencia, o la buena educación recibida de sus padres. Así que para estos seres supositorios, hablar es gratis, todo lo más que se les demanda es un trago de líquido de vez en cuando para reponer la saliva perdida.
En el mundo de los seres supositorios la imagen, el honor y el respeto son cosas que han oído alguna vez en Sálvame cuando el presentador ha tenido que leer una sentencia condenatoria. Ellos jamás sabrán de ese tipo de sentencias, porque al menos los medios de comunicación se identifican en sus fechorías, un ser supositorio no; porque el ser supositorio lanza al mundo sus suposiciones y cuando éstas empiezan a rodar y llegan al protagonista la suposición en cuestión, ya no hay modo de saber quien la echó a rodar en un inicio.
Un supositorio no es necesariamente un mentiroso, no es un calumniador ni un injuriador, y tampoco ha de tener necesariamente mala fe al generar sus suposiciones. Es alguien que sencillamente cree disfrutar de una buena conversación en la que quiere un poco de protagonismo.
El supositorio no es normalmente el que comienza a poner a alguien en el disparadero. En una conversación sobre Doña Gumersinda, el supositorio sólo añade datos de sus suposiciones a la historia. Si se dice que Doña Gumersinda es una cincuentona separada que se vino a trabajar para estar al lado de su amante. El supositorio añadirá algún dato cierto y lo relacionará con otro para dar fuerza a su hipótesis. Por ejemplo: El supositorio añade a la conversación que nunca ha visto más que una vez al novio de Doña Gumersinda, que sería idóneo que el novio viniera de vez en cuando porque el casero de Doña Gumersinda no quiere alquilar a solteros. Éstos únicos hechos llevan al supositorio a lanzar su suposición:
“¿Os acordáis de aquel chico gallego que empezó a enamorar a una por internet y se divorció de su mujer y pidió un traslado a su empresa a Ceuta, donde vivía su cibernovia? Que luego la tía le dijo que qué hacía allí, que una cosa era tratarse por internet y otra que se presentara así por las buenas. Ése.” El supositorio toma resuello: “Pues yo creo que... a Doña Gumersinda le ha pasado lo mismo, ha deshecho su matrimonio, se ha venido aquí, y ahora el novio no quiere saber nada de ella.” El supositorio queda conforme, los demás se le quedan mirando. Y al poco tiempo el propio supositorio oye su suposición, pero sin “Pues yo creo que...”, sólo oye sus palabras, para nada textuales, y para él eso es la confirmación de que sus suposiciones son realidades, con lo cual se dedica a repetir con más ahínco su hallazgo. Mientras tanto, Doña Gumersinda ve con la frecuencia que su trabajo le permite a su novio que está en el hospital desde hace varios meses.
Ser justo en la vida hablando es un propósito que nadie se hace. Cuando se toma la vida de alguien en una conversación todos cuentan con que esa persona no se enterará, o que si se entera, los más retorcidos, piensan, que esa persona no tendrá narices de recriminar las habladurías de las que ha sido objeto.
Total, por un momento de contacto humano a través de una conversación atentatoria contra la intimidad y la imagen de cualquiera, bien vale el sacrificio. Pero todos estamos en el mundo, y todos somos potenciales protagonistas de conversaciones de este tipo. TE PUEDE PASAR A TI.
Uno puede hacer en su casa lo que quiera, incluso ser un supositorio, pero una vez se sale de la puerta para fuera las palabras que se profieran no son ya dueñas de uno, pero el daño sí, moralmente el daño es siempre de quien genera una suposición. A ciertas edades uno debe saber lo de: Uno es esclavo de sus palabras y dueño de sus silencios. Porque si no puedes acabar convirtiendo a la amiga de alguien en su hija sólo porque es bajita. O achacando locuras a alguien que gusta de ser una persona hogareña y con pasatiempos que no son al aire libre o al calor de una barra de bar. O incluso puedes convertir en pobre de solemnidad a alguien sólo porque su coche tiene un defecto de fábrica en la pintura, pero anda de maravilla, pese a su aspecto cochambroso. O convirtiendo en amante de una al amigo del marido sólo por verle entrar con frecuencia en la casa. O decir que porque la novia de un tío está muy buena es que la ha sacado de un club, sólo porque el chico es horroroso. Y así hasta el infinito. 

viernes, 27 de julio de 2012

Lupe Vélez. Nada es como te lo han contado. Lo que da de sí un inodoro



En el Facebook de mi crítico de cine y persona favorita encuentro que ha dado al “Me gusta” en esta página https://www.facebook.com/pages/Decaying-Hollywood-Mansions/111378268883521?ref=stream. Echo un vistazo, pensando que va de fotos e historias sobre mansiones de antiguas estrellas de cine en ruinas, al estilo de la que da escenario a los personajes de “El Crepúsculo de los dioses”. Además de lo que yo pensaba, encuentro fotos de actores, entre ellas una maravillosa de Lupe Vélez https://www.facebook.com/photo.php?fbid=476822142339130&set=at.118967638124584.13914.111378268883521.100000652891938&type=1&theater. Decir su nombre y acordarte de su triste final es todo uno, así que al compartir la foto aludí a dicho final: Lupe Vélez murió en la taza del water. Peor o mejor contado eso es lo que todo el mundo entiende y repite. Así que una bienintencionada amiga facebookera me señala que la historia de la taza es un bulo. Le pregunto cómo se generó ese bulo y NS/NC, pero insiste en que es un bulo. Empiezo a investigar. Intento dar con el obituario, porque para más abundar, en algunos blogs se niega hasta el motivo de la muerte: la supuesta negativa de su amante a casarse con ella como consecuencia de un embarazo.
¿Pero qué interés tendría alguien en situar la muerte de una estrella decadente y casi olvidada en tan prosaico lugar? Hasta nueva rectificación la fuente más mencionada como nacimiento de la historia es el compendio “Hollywood Babilonia” de Kenneth Anger, quien, si hay que hacer caso de los blogs, ha rectificado en fechas recientes así como ha hecho la mismísima Wikipedia. A su vez, dicho autor basaría sus fuentes en artículos “periodísticos” de la época en que las glorias hollywoodenses salpicaban de escándalo multitud de publicaciones de su época (para ilustrar este tema ver la película "L.A. Confidential", protagonizada por Kim Bassinger y Russell Crowe). Y en este contexto de publicaciones que rayaban más el libelo que el Pulitzer, hay que mencionar a mi última hallada posible fuente origen del Lupe-Watergate que no es otra que la muy omnipresente y odiada Luella Parsons, en el artículo de este enlace http://www.nacion.com/2011-03-20/Teleguia/NotasSecundarias/Teleguia2710310.aspx destaco el siguientes párrafos:
La picante Lupe Vélez, quien fuera esposa de Johnny Weismuller, decidió acabar sus días a los 36 años, despechada por su último amante. Tuvo la infeliz idea de llamar a Louella para contarle sus penas y esta intuyó lo que estaba por venir.
En efecto, Vélez organizó una “última cena” a la mexicana y se inmoló como una diosa azteca; montó en su habitación un “santuario” con velas, flores y se tragó 75 pastillas de seconal. Los fármacos, en combinación con los “taquitos y los chilaquiles” reaccionaron al revés y más bien despabilaron a Vélez, quien se arrepintió y salió en carrera hacia el baño para regurgitar, con tan mala suerte que resbaló , cayó de bruces sobre el excusado y se ahogó en su propio vómito.
Parsons se enteró de la desgracia y escribió: “Jamás Lupita había lucido tan bella; reposaba como si estuviese dormida' había una lánguida sonrisa en sus labios, como si albergara sueños secretos. Parecía una niña a quien acababan de regalar su primera espuma de azúcar en una fiesta...”
En la cita anterior en negrita y entrecomillada, no se menciona ningún inodoro, pero sí la “espuma de azúcar”, claros restos de vómito y/o asfixia. Pero esto no me aclara nada más. Como yo no quiero discutir con mi amiga, pero ella no me razona su aseveración de bulo en torno al Lupe-watergate, me ha picado la curiosidad y quiero investigar. Por todo ello si alguien alcanza a leer estas líneas le ruego que si dispone de alguna información, sobretodo en papel, negro sobre blanco, de algún libro donde se mencione este truculento episodio y además se mencionen las fuentes. Ruego me lo haga llegar a esta dirección de correo electrónico:
ordalisea@gmail.com

domingo, 12 de febrero de 2012

El día que murió Whitney Houston murieron las lentas



Hoy domingo, 12 de febrero de 2012 ha muerto Whitney Houston y con ella mi esperanza de que resucite la moda de bailar lentas en las discotecas. Ella que precisamente se catapultó a la cima de la fama cantando una versión de un éxito country que se bailaba agarrao, o sea, era una lenta. Sí, hablo de I will always love you, aquella balada country que en su día cantara la esplendorosa Dolly Parton con aquella vocecita llena de agudos, fue convertida en una pieza casi operística gracias a la potentísima voz de la sobrina de Dionne Warwick, una de las musas de Burt Bacharach –"Rain drops are falling on my heat"-. Y mientras intercambiaba impresiones sobre Whitney con una amiga recibí el segundo mazazo de la madrugada, mi amiga cree que las lentas no existieron, que veo muchas pelis, que las parejas no se regalan flores, ni las tías tenemos una lencería para grandes ocasiones con nuestra pareja, y eso que no le he dicho que tengo un tío que le compra, como tantos otros, la lencería a su mujer.

Cuando una persona nacida a mediados de los 70 cree que nunca existió una hora para las lentas en una discoteca, y por lentas ha de entenderse música moderna –nada de boleros, tangos o chachachás-, o sea lo que venimos a denominar baladas, un pop tranquilo, con el cual las parejas consolidadas echaban él los brazos a la cintura, ella los brazos al cuello –o los situaba en los hombros del contrario si no llegaba más lejos o no se atrevía a llegar más lejos- y se movían al compás; y los chicos aprovechaban para sacar a alguna chica que les gustase y le ofrecían la mano tras pedirle bailar, y si ella aceptaba el paso siguiente era pedirle salir; algo va mal, algo va muy mal. Muchas de las parejas –que conozco- que se casaron en los 90 tuvieron su primer contacto en una discoteca. En aquella época no había más formas de ligar aparte del típico "¿tienes fuego?", "¿estudias o trabajas?", la invitación a una copa o el "¿vienes mucho por aquí?". Pedir bailar a una chica, porque una chica a un chico era algo muy poco común, era el método más eficaz y contundente para acabar saliendo con ella, fuera ésta tu vecina, amiga de un amigo, compañera de clase, etc. Pero aquellas parejas formadas al calor de baladas como "Carrie", no existirían si no hubieran aprovechado aquella hora calentorra que el Dj tenía por gracia conceder, porque llegaron los 90, las macrodiscotecas, el bakalao, y la hora de las lentas ya no tuvo cabida en un mundo en el que ligar con una chica consistía en pillarla borracha y empastillada para aprovecharse de ella.

Todas las que no tuvimos oportunidad de ser sacadas a bailar una lenta por un tío al que gustásemos de verdad vimos esa parte romántica de la diversión barrida, y se nos quedó en nuestra conciencia amorosa una asignatura pendiente. Yo nunca he perdido la esperanza de que vuelvan las discotecas que pretendían cierto glamour, con su marquesina, y que se llamaran Chic, con sus bolas de espejo, sus sofás, y esa oscuridad más que luz que te transportaba a otro mundo que nada tenía que ver con el ordinario ladrillo y cemento en el que se desenvolvía tu infancia y juventud. Pero ¿cómo puede volver algo de lo que nadie se acuerda?

Había otro motivo para que existieran las lentas. Aún en los 80 había mucha represión sexual, aparte de que los padres aún tenían autoridad sobre sus hijas aunque hubieran cumplido la mayoría de edad. En aquellos 80, en nuestra España, era muy raro ver a mujeres solas o con noviete, en la calle o en la discoteca, más allá de la 1 de la noche. El horario de la discoteca era más bien vespertino, se abría en torno a las 8 de la tarde y cerraban más o menos a la una de la mañana. Así que los que eran novios, o ese día habían empezado a serlo, sólo tenían las lentas para hacer lo que entonces se denominaba "magrearse", de un modo nada descarado. En aquellos entonces la virginidad estaba en alza, darse el lote con el novio en el sofá de la discoteca daba pie a que tu fama se fuera al traste, así como cambiar mucho de novio, o que estos te duraran poco. El baile lento tenía un sentido, porque como cualquier baile, se ha visto como un ensayo del acto sexual, una parte muy importante del cortejo, ¿pero en un mundo como éste, donde se te ofrece sin mayor dificultad sexo por doquier, qué sentido tiene bailar?

Antiguo o no, bailar lentas era como decía Sergio Dalma "es como estar bailando solos, corazón con corazón…".

viernes, 5 de agosto de 2011

El hombre que veía caras deformadas y señoras que venden ramas rumanas


El hombre que veía caras deformadas

Conozco por referencias más que por un contacto directo a un tipo curioso, bueno, para mi desgracia tuve contacto directo cuando para saludar a unas personas estando yo sentada se puso tras de mí y apoyo su mano en mi espalda, justo debajo del cuello: BUAAAG, QUÉ ASCAZO. Casi todo el mundo le considera raro, pero muchos se equivocan al considerarlo inofensivo. A simple vista es un señor bajito que podría representar treinta años, aunque en realidad tiene más de cuarenta, y no es porque la vida lo haya tratado bien o él se trate bien a si mismo, es porque su naturaleza ha debido otorgarle privilegios suficientes como para no aparentar su edad o más edad de la que tiene. Su naturaleza le ha hecho fuerte frente a la calvicie, las arrugas y el castigo de la mirada. Alguien que no supiera nada de él le podría considerar bajito aunque follable. Pese a que es un follador vividor, más vividor que follador, aparenta ser un hombre serio y responsable. Y debe ser así en algunos aspectos de su vida, pero no en el principal.
Es el típico divorciado que resentido se niega a si mismo poder reanudar su vida en forma de relación estable. Está disponible para todo aquel follador vividor que quiera llevárselo como escudero, y si le cae algo mejor que mejor. Porque lo que sí se sabe por estos hidalgos a los que sirve, es que bebe y bebe y se acaba quedando dormido en una silla o en una barra de bar, o en la mesa de un banquete de bodas. Además es el típico trepa, chivato, pelota (con decir trepa hubiera bastado, ya que trepa lleva aparejado ser chivato y pelota por lo general, pensaré en ejemplos de trepas que no sean chivatos o pelotas… no se me ocurre nada).
Aunque es fácil adivinar que el tipo es un mar de complejos –superar que te dejen es muy difícil: autoestima por los suelos o como diría el Rancio: ¡Ostia Terrible!- él se vende a si mismo como un medio rico que gracias a la buena venta de un piso tiene un caudal que invierte aquí y allá, caudal que presume no haber compartido en el divorcio, y que veranea en la costa y SOLFEA, sí señores, el prodigio de muchacho, además de intentar encaramarse a una tabla y resbalar sobre alguna ola debe hacerlo dando la nota, o sea solfeando: do, re, mi…
Además presume de padrazo, eso sí, padrazo telefónico, de esos que controlan a las niñas púberes llamando cada media hora.
Esto y otros detalles inducen a pensar que el tipo es un fantasma, y que tras esas historias sólo se esconde una necesidad de ser admirado, de llamar la atención, y de alejarse de su triste realidad, que no es más ni menos triste que otras, pero para él debe ser muy vergonzoso. Nadie va diciendo por ahí: “Soy un desgraciado que temo comprometerme con una mujer por que la mía me lo hizo pasar muy mal -¿cuernos, abandono, desamor?-“. Así que el tipo como no puede integrarse con los casados se vuelca en los solteros, con tan mala suerte que todos ellos destacan más que él porque le sacan una cabeza y son menos metepatas, con lo que acaba haciendo de su escudero durmiéndose en la barra, o tirándose a la amiga del compañero de juerga.
Pero las resacas son muy duras y más a ciertas edades, aunque éstas no se aparenten, y de repente miras a tu alrededor y descubres que ese que considerabas un pringado ya no te lo parece tanto, que al fin y a la postre si no busca chochos es porque no los necesita porque el que tiene en casa le sirve, y además no bebe, y además no sucumbe a los problemas por graves que estos sean, y además su mujer no le deja porque su vida profesional sea un infierno (lo que le ocurrió a él). De repente a ese tipo le molesta que ese pringado le diga que debería recogerse y buscarse una compañera, que está muy delgado –y una halitosis espantosa delatora de sus problemas estomacales, de sus malos horarios, de su malos hábitos de comida a base de bocadillos y en definitiva de su mala salud; pero no le dice que le canta el pozo-. Gran error, el que el enano considera El Gran Pringado ha traspasado una ignorada frontera y ha de pagar por ello: “Pues tú y tu mujer tenéis la cara deformada de lo gordos que estáis”. El tipo que recibe este pago a su preocupación, quizá intrusiva, pero preocupación empieza a sentirse mal, siente naúseas, mareos, un mal rollo creciente, y desea abandonar el lugar que por obligación ocupa con El Hombre que Veía Caras Deformadas. Tiempo más tarde el Aconsejador de Matrimonio Estable ve como el que sólo era un tipo raro para los demás acaba dando su verdadera cara bajo el influjo de una monumental borrachera bautizando nonatos en una celebración publiquísima sólo porque la madre del nonato le rechazó la oferta.
Mucha gente disculpa a los beodos en todo lo que hacen o dicen bajo el efecto de las bebidas espirituosas, pero el Aconsejador puede dar fe ante Notario Trajeado Gordo y Serio que el día que fue agredido por El Hombre que Veía Caras Deformadas, éste, iba sobrio.
Por finalizar con el rápido retrato de H.V.C.D. decir que no sólo ve Caras Deformadas, sino que además ve una puta rumana –anótese que el tipo tenía especial empeño en dotar a la individua de esta nacionalidad- en toda mujer guapísima que esté con otro hombre que no sea él, y él considere que ese hombre es más feo, gordo, etc. que él. Y como lo único que el Hombre que Veía Caras Deformadas y Putas Rumanas tiene un coche enorme y medianamente caro, al contrario que el Feo, Gordo aunque muy Alto novio de la Puta Rumana, pues aparca el coche todos los días frente a la ventana de la muy guapísima, supongo que para llamar su atención y que la tia piense: “¡Guau! ¡qué cochazo! Voy a saltar por la ventana y me voy a ir con ese enano de pelo muy muy poblado, ojos vidriosos y tez pálida!”.
P.D.: Como es fácil suponer, la supuesta puta rumana –NO TODAS LAS RUMANAS SON GITANAS O PUTAS, JODER CON LOS ESTEREOTIPOS Y LA PUTA XENOFOBIA- no era ni puta ni rumana, sólo era una tía nacional, Tía Buena de Profesión, con los ojos los suficientemente cerrados y eso que los tiene grandes la jodía, para ignorar que su gordi casi la reemplaza por una tia no tan buenísima como ella, pero de mejor carácter que ella sí.


Personal Tribunal de Autocensura

AUTOCENSURA

¿Cómo combatirla?

Llevas toda la vida deseando escribir, y además que sirva para algo más que para hacerte pajas intelectuales. Cuando por fin tienes todos los medios e incluso algún resquicio por el que alguien se pueda asomar y leer tres líneas hasta que se aburra y pase a otra cosa, sucede ese hecho inexplicable, ese pudor extemporáneo, ese freno que impide que escribas todo lo que se te pasa por la cabeza. Todo.

¿En qué consiste ese freno, esa autocensura? Sobre todo es un repentino acrecentamiento de tu celo por tu intimidad, no hablamos de miedo a contar los polvos que uno echa, sino más bien de exponerse al juicio del personal en todos los sentidos. Incluso hay miedo a meterse en líos por que algo que a lo mejor te parece inofensivo pueda resultarte perjudicial más adelante.

La autocensura es la peor de las censuras, porque al ser uno mismo el que se coarta en su libertad no se hace la guerra, por tanto, a si mismo. En la mente de uno no hay un pequeño estrado con una mesa tras la cual los miembros de la autocensura tienen una cara, una identidad, no son otro al que enfrentarse, no son señores con gafas de edad avanzada y gesto ceñudo a los que burlar con argucias como las de los cieneastas españoles de los años 50 del pasado siglo. Eres tú.

Aunque viéndolo de otro modo, sí se puede pensar que la autocensura en realidad es algo ajeno, ¿porque no es más verdad que nuestros temores enraízan en excrementos intelectuales que otros han ido depositando en tu cabeza?  Pongamos por ejemplo que uno escribe sobre un hecho biográfico, ¿cómo superar el temor a ser juzgado más allá del texto si alguien conocido leyera eso? En la sociedad hablar con toda franqueza y sin pudor es algo poco acostumbrado. Mucha gente se tiene por franca porque siempre está cantándole las verdades del barquero a todo aquel que tenga la pasividad de quedarse a escucharlas, pero a buen seguro esas personas no desnudarían su alma a nadie, y menos aún confesarían sus debilidades en una conversación amigable. Más bien me refiero a aceptar que casi todo lo a uno le pasa y piensa es contable o relatable –para no confundirnos. Poco a poco a lo largo de tu vida aprendes que hay cosas que hay que silenciar, porque es dar munición al enemigo. La vida te enseña que esto es una jungla salvaje y que las buenas relaciones sociales son pasajeras, o tienen momentos buenos, y momentos decepcionantes en los que todo dato dado es susceptible de ser usado en tu contra manufacturado convenientemente en la mente vengativa de alguien. Y este aprendizaje tan obsceno de la vida es un miembro mental de tu personal Tribunal de la Autocensura.

Así es imposible escribir de un modo directo, sincero, e incluso sencillo. Porque si quieres decir algo considerado vulgar u obsceno que representa tres palabras acabas dando rodeos y perdiéndote en un mar de vocablos cuando en realidad quieres mandar a la mierda a todos aquéllos que han dado cuerpo a tu Personal Tribunal de la Autocensura.

¿Por qué un hombre que quisiera contar y desahogarse de paso en un texto que ya no ama a su mujer, pero que no la quiere dejar porque teme la soledad no puede hacerlo? ¿Qué tendría que hacer esta persona? ¿Escribir una novela? Esto me hace preguntarme cuantas historias que iban para memorias o biografía acabaron en novela.

Esto me hace recordar una historia alucinante que leí hace poco. Florence Henderson, la actriz que hacía de madre de los numerosos Brady confiesa en sus memorias que tuvo un affaire con el alcalde de Nueva York y que éste le contagió unas ladillas. ¿No habría deseado tan pronto como empezó a sentir los picores anunciar al mundo entero que el Alcalde de Nueva York padecía de ladillas? Seguro que lo deseó, pero la autocensura entre otros muchos inconvenientes sellaron su boca hasta que pasaron cuarenta años.