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viernes, 5 de agosto de 2011

Personal Tribunal de Autocensura

AUTOCENSURA

¿Cómo combatirla?

Llevas toda la vida deseando escribir, y además que sirva para algo más que para hacerte pajas intelectuales. Cuando por fin tienes todos los medios e incluso algún resquicio por el que alguien se pueda asomar y leer tres líneas hasta que se aburra y pase a otra cosa, sucede ese hecho inexplicable, ese pudor extemporáneo, ese freno que impide que escribas todo lo que se te pasa por la cabeza. Todo.

¿En qué consiste ese freno, esa autocensura? Sobre todo es un repentino acrecentamiento de tu celo por tu intimidad, no hablamos de miedo a contar los polvos que uno echa, sino más bien de exponerse al juicio del personal en todos los sentidos. Incluso hay miedo a meterse en líos por que algo que a lo mejor te parece inofensivo pueda resultarte perjudicial más adelante.

La autocensura es la peor de las censuras, porque al ser uno mismo el que se coarta en su libertad no se hace la guerra, por tanto, a si mismo. En la mente de uno no hay un pequeño estrado con una mesa tras la cual los miembros de la autocensura tienen una cara, una identidad, no son otro al que enfrentarse, no son señores con gafas de edad avanzada y gesto ceñudo a los que burlar con argucias como las de los cieneastas españoles de los años 50 del pasado siglo. Eres tú.

Aunque viéndolo de otro modo, sí se puede pensar que la autocensura en realidad es algo ajeno, ¿porque no es más verdad que nuestros temores enraízan en excrementos intelectuales que otros han ido depositando en tu cabeza?  Pongamos por ejemplo que uno escribe sobre un hecho biográfico, ¿cómo superar el temor a ser juzgado más allá del texto si alguien conocido leyera eso? En la sociedad hablar con toda franqueza y sin pudor es algo poco acostumbrado. Mucha gente se tiene por franca porque siempre está cantándole las verdades del barquero a todo aquel que tenga la pasividad de quedarse a escucharlas, pero a buen seguro esas personas no desnudarían su alma a nadie, y menos aún confesarían sus debilidades en una conversación amigable. Más bien me refiero a aceptar que casi todo lo a uno le pasa y piensa es contable o relatable –para no confundirnos. Poco a poco a lo largo de tu vida aprendes que hay cosas que hay que silenciar, porque es dar munición al enemigo. La vida te enseña que esto es una jungla salvaje y que las buenas relaciones sociales son pasajeras, o tienen momentos buenos, y momentos decepcionantes en los que todo dato dado es susceptible de ser usado en tu contra manufacturado convenientemente en la mente vengativa de alguien. Y este aprendizaje tan obsceno de la vida es un miembro mental de tu personal Tribunal de la Autocensura.

Así es imposible escribir de un modo directo, sincero, e incluso sencillo. Porque si quieres decir algo considerado vulgar u obsceno que representa tres palabras acabas dando rodeos y perdiéndote en un mar de vocablos cuando en realidad quieres mandar a la mierda a todos aquéllos que han dado cuerpo a tu Personal Tribunal de la Autocensura.

¿Por qué un hombre que quisiera contar y desahogarse de paso en un texto que ya no ama a su mujer, pero que no la quiere dejar porque teme la soledad no puede hacerlo? ¿Qué tendría que hacer esta persona? ¿Escribir una novela? Esto me hace preguntarme cuantas historias que iban para memorias o biografía acabaron en novela.

Esto me hace recordar una historia alucinante que leí hace poco. Florence Henderson, la actriz que hacía de madre de los numerosos Brady confiesa en sus memorias que tuvo un affaire con el alcalde de Nueva York y que éste le contagió unas ladillas. ¿No habría deseado tan pronto como empezó a sentir los picores anunciar al mundo entero que el Alcalde de Nueva York padecía de ladillas? Seguro que lo deseó, pero la autocensura entre otros muchos inconvenientes sellaron su boca hasta que pasaron cuarenta años.

viernes, 17 de junio de 2011

Dieta infalible para quemar grasas y neuronas



Desde que ser gordito dejó de representar síntoma de salud y bienestar económico se ha impuesto una nueva dictadura. Ya no basta con tener un peso saludable, además hay que estar tan delgado que parezcas guapísimo ante una lente.


Tras la dictadura impuesta por la industria textil con las tallas, además se va imponiendo la de la industria de cámaras fotográfica, o cualquiera aparatejo con una lente capaz de captar una imagen.


Resulta que la gente es crítica con su aspecto físico no por como se percibe a si mismo, sino por como sale en las fotos. Nadie se pone a pensar que una lente fabricada por un ser humano, así como el aparatejo que la contiene, puede ser imperfecta y captarte mal dando un reflejo deformado.


Antes, en las ferias, había una atracción que consistía en una especie de laberinto o pasillo con espejos, que más o menos curvados deformaban tu imagen: torciéndola, alargándola, ensanchándola, empequeñeciéndola o sacándola lo más fiel posible. Esta atracción ya casi no se ve, pero está instalada en todas nuestras ciudades y pueblos donde las boutiques en lugar de muros sólo tienen una enorme cristalera tras la cual exponen su género. Al pasear por una calle con muchos comercios, si eres de los que miran su reflejo en el escaparate, puedes observar que cada cristal de escaparate te devuelve un reflejo distinto al anterior. ¿Con cuál te quedas?


Nos hemos vuelto Narcisos, y podemos pasar gran parte de nuestra vida destrozándonosla por conseguir la imagen soñada, en lugar de vivir nuestra vida con la que ya tenemos, nos obsesionamos y modelamos nuestra mente y nuestras necesidades con el único propósito de adaptar nuestro cuerpo a la exigencia de una lente imperfecta.


¿A cuántos famosos hemos oído decir que la gente cuando les conoce en persona les dice que son más guapos y delgados al natural que por la tele o las revistas? Hay muchos famosos que cuentan esto, pero la que más seguramente es María Teresa Campos.


Incluso los políticos son presa de esta dictadura de las lentes imperfectas. Pongamos por ejemplo un tipo que parece estar en su peso, que es recio incluso, pues cualquiera que lo conozca en persona descubrirá que es extremadamente delgado, no tan alto como aparenta, y hasta tiene aspecto enfermizo, si además lo ves acompañado por Acebes y Zaplana, descubrirás que parecen reducidos por los jíbaros con respecto a la imagen que percibías de ellos en televisión.


Para darse cuenta de hasta que punto nuestro modo de percibir la estética está gobernado dictatorialmente por las lentes imperfectas no tienen nada más que asistir a la Pasarela Cibeles, a ser posible situarse por la entrada de personal, y ver como esos seres que nos venden como el colmo de las perfecciones distan mucho de serlo. Invito de verdad a quien haya puesto a una top model como referencia para adaptar su imagen a la de ella, que la conozca en persona.


Alguien nos ha convencido de que la belleza, o sea despertar la admiración de otros sólo por tu aspecto físico, es un valor supremo, pero deberían indagar e informarse correctamente de la clase de vida que tienen que llevar quienes al margen de la naturaleza con la que hayan nacido se autoinfligen toda clase de sufrimientos corporales para adaptar su cuerpo a unas medidas que alguien decidió que eran las oportunas.


Muy mal se tiene que haber portado la naturaleza para que una persona bien vestida, bien peinada y bien maquillada no pueda gustar como mínimo a una persona.


En todos estos años de cruzada descafeinada contra los dictados de la imagen que nos imponen los Señores de la Moda, las Revistas, etc. se ha buscado en ellos a los culpables de enfermedades mentales cuyos síntomas son un trastorno alimenticio, al final, somos nosotros, los que obedecemos sus directrices, quienes los hemos aupado. Alguien puede querer mandar o imponer, pero si no es obedecido no es nadie.


La belleza, biológicamente no es más que un reclamo, es la forma que tienen los cuerpos de anunciar al sexo opuesto que hay salud y unos genes dignos de ser incorporados a la estirpe. Pero lo curioso es que detrás de lo que actualmente se entiende como belleza hay muy poco de salud: dietas espartanas deficitarias en vitaminas, o algún compuesto vital para la salud, o directamente no comer, por no hablar de los miles de productos laxantes, inhibidores del apetito, etc. que se ingieren sin ningún control. Aparte de que quien cree que puede plantar batalla a la naturaleza sólo con el fin de conseguir despertar miradas de admiración, deseo o envidia a su paso, no representa a una persona moral y/o mentalmente saludable. Religiones aparte, éticamente tener como objetivo vital el hecho vanidoso de despertar admiración y supeditar tu vida a ello no da muchas garantías para confiar en un tipo así de ser humano. Al final todo consiste en alimentar el ego, y eso ¿cuándo ha sido positivo? Una vez alguien me dijo: "Cuando me llaman gordo no me disgusto y pienso que me tengo que poner a dieta, sólo pienso en que esa persona en ese momento dado no es muy válida para mí".


Hay gente que cree que si adelgaza evitará que la gente se meta con él para siempre, pero la gente que se mete con otra gente lo hace por cualesquiera motivos. A un gordo lo llamará gordo, a un delgado con gafas lo llamará gafotas, a un delgado desgarbado lo llamará esperpento, a un delgado feo lo llamará feo, a un ti@ guap@ los calificará de creídos y así hasta el infinito de las descalificaciones. La gente que se mete con otra, aparte de un problema de educación, tiene un evidente problema de autoestima, cree que insultando mejorará la mala situación que a él mismo le aqueje, o al menos recibe un desahogo momentáneo. ¿Cuánta gente que se considere normal va insultando por la calle? ¿o en el colegio? Sólo aquéllas personas que esconden problemas de índole familiar, que no se sienten muy valoradas o queridas desahogan su frustración a diestro y siniestro, curiosamente con la gente que cree que no lo va a responder, o sea con quienes considera débiles.


Ninguna de las vacas sagradas de la moda a lo largo del tiempo se han distinguido por su belleza física, ¿por qué hemos de creer que el mundo real ha de ser como un espectáculo momentáneo?


La gente se empeña en engañarse creyendo que sus ídolos son siempre tan bellos como aparecen en pantalla, pero puede ser así en algunos casos, pero no en todos. Viene a la mente un vídeo de Leo Di Caprio y Ben Affleck jugando en la playa, sus cuerpos para nada eran tan perfectos como en el celuloide. Cuando tienen un contrato, se preparan ponen a punto sus cuerpos y ruedan. En Pretty Woman el cuerpo que aparecía en primerísimos planos no era el de Julia Roberts, sino el de una doble de cuerpo. Los actores aparte de unas características telegénicas viven básicamente de su buena interpretación, de si su cara se come la pantalla, pero no viven exactamente de su cuerpo. No hay más que mirar atrás y ver si las estrellas consagradas del Hollywood clásico pasarían un casting actual de cualquier tipo: publicidad, cine, televisión. Digamos nombres, que se sepa, pero claro, si eres un indocumentado pues no te servirán estas comparaciones. Ahí lanzo a una Bette Davis, a una Judy Garland, a un Humphrey Bogart, a una Joan Crawfort, incluso a un James Dean, al propio James Stewart. Hoy día, a los que los hemos disfrutado y seguimos disfrutando en las producciones que han dejado rodadas para la posteridad nos parecen los más bellos del mundo, pero si James Stewart quisiera hacer un casting para una película actual ¿lo escogerían? La propia Marilyn Monroe, que tenía fama de ser de todo menos buena actriz, hoy día con las formas físicas que encandilaron y siguen encandilando a millones de hombres sería rechazada o puesta a dieta por sobrepeso, caso que le podría ocurrir a la misma Ava Gardner. Imaginemos que John Wayne tuviera que competir en un casting con Ben Affleck, ¿quién se llevaría el triunfo?


Estar informado y ser inteligente es una buena combinación para combatir tanta estupidez en torno a dietas, tallas de ropa, etc. Ojalá te encontraras con más gente preocupada por mejorar su nivel de estudios o cultural que por descender de talla de ropa.


¿Acaso la vida es de verdad esto? ¿De verdad ser irreprochablemente delgad@ es equivalente a ser una persona válida? ¿A partir de cuántos kilos de sobrepeso uno empieza a dejar uno de perder oportunidades de trabajar, de relacionarse socialmente, de relacionarse sexualmente? PONGAMOS UNA CIFRA


P.D.: Audrey Hepburn, cuya cara adorna algunos miles de salones, vivió siempre acomplejada por su extrema delgadez fruto de una infancia vivida en la posguerra. Una de las cosas que le deparó ser delgada fue destrozar su sueño de ser bailarina clásica.


jueves, 16 de junio de 2011

Ser miembro de una Mesa Electoral es un castigo sin igual

Lejos quedan ya las última Elecciones Municipales celebradas. Ese día algunos se tomaron la molestia de ir a votar, y habrán visto validado su voto con una mayoría o no. Para los que no quedará cierta decepción, pero ésa será una sensación que esté atenuándose poco a poco.
En cambio, para otros ese día será algo que quisieran olvidar, pero no pueden. Puede que muchos de los que formaron parte de una Mesa Electoral vivieran la experiencia con ilusión y hasta se fueran a casa con cierta satisfacción. Sin embargo, muchas personas estaban allí contra su voluntad. Nunca sabe uno del todo lo que es la tan nombrada democracia hasta que cae sobre su cabeza con un nombramiento.
Es curioso observar las reacciones de algunas personas cuando comentas la noticia: "me han nombrado miembro de una Mesa Electoral". Algunos te contestan: "Qué suerte". Incluso algunos de éstos que creen que es una suerte, nunca han votado en su vida, y no porque no tengan la edad, sino porque para ellos es más práctico que decidan otros y desentenderse de esos temas políticos tan molestos, mas no dudan en estar quejándose todo el rato de lo caro que está todo, de los recortes que les pretenden hacer en su sueldo, etc.
Cuando alguien mete un sobre en una urna y se da la vuelta no es consciente de los peligros de estar incluido en un censo electoral, y de lo que deja atrás. Cuando formas parte de la maquinaria electoral descubres que tras todas esas cifras y porcentajes que empiezan a salir en los medios de comunicación hay cientos de miles de personas que llevan desde las ocho de la mañana encerrados en un local electoral, tras una mesa, haciendo un trabajo prácticamente forzado, a cambio de una dieta de 62'algo euros, mal comidos, llenos de nervios y presionados por la responsabilidad de la labor encomendada. Cuando se cierra el colegio electoral un miembro de una mesa electoral lleva allí metido doce horas, menos el tiempo de la comida. Y empieza la labor más dura, la labor manual, la de abrir, sobres, clasificar y contar papeletas, rellenar actas, todo ello bajo la mirada suspicaz de bastantes apoderados e interventores de partidos políticos. Si tienes suerte a lo mejor a las diez de la noche has acabado, pero si las cuentas no cuadran, no hay una organización inteligente, o una persona empieza a meter prisa para acabar cuanto antes porque tiene que informar de los resultados, puede alargarse mucho la cosa.
Estamos en la era digital, pero resulta que nuestro sistema de votación y recuento no ha cambiado en muchos siglos, vamos a dejarlo en años, dependemos de la cuenta de la vieja para decidir sobre quien calculará nuestras pensiones, la gratuidad de la enseñanza, los precios del pepino, etc.
Lo más curioso es que la elección de un político democrático dependa de que un ciudadano ejerza de forma poco voluntaria un trabajo que excede en mucho la jornada laboral mínima, me pregunto si Comisiones Obreras, UGT o cualquier sindicato que defienda los derechos de los trabajadores es consciente de las condiciones en las que se tiene que desenvolver un miembro de una mesa electoral.
Sería muy loable que inventaran otro sistema, o que al menos un miembro de una mesa electoral no tuviera que hacer el doble de una jornada electoral o jornada y media. ¿No sería mucho más efectivo dejar el recuento en manos de personas que no han estado durante doce horas controlando las urnas y revisando los censos y los DNI? Es una idea. Pero nadie hará piña para este objetivo, porque excepto casos raros nadie repite en una Mesa Electoral.
En fin, dentro de menos de un año hay Elecciones Generales, paciencia y buenos alimentos, y no es una frase hecha.
Recordar que los mayores de 65 años y los analfabetos se libran de ser miembros, aparte de un sin número desconocido de causas a alegar ante la Junta Electoral que te nombró. A lo mejor, cara al censo, es recomendable ser analfabeto.

lunes, 18 de abril de 2011

JOAQUÍN TORRES CONVENCERÍA A BELÉN ESTEBAN PARA QUE NO LE ENCARGARA UNA CASA

Joaquín torres, el arquitecto de los famosos, acude a La Noria, se habla de cifras millonarias, de Bardem, de Cristiano Ronaldo. De repente el presentador, Jordi González, pregunta si le haría una casa a Belén Esteban. Con un cierto apuro, pero saliendo del paso, el arquitecto contesta que él hace casas a todo el que se las pague, pero pasa la pelota al tejado de la propia Esteban, diciendo que Esteban no querría una casa de las que él hace, que no es su estilo. Una forma muy ingeniosa a la par que elegante de rechazar un posible encargo de Belén, pero la pregunta iba destinada a poner en un aprieto al encumbrado arquitecto, y no consigue salir, de alabar es la sinceridad, ya que entre algodones pero el rechazo a un posible encargo es más que patente. Poco antes de la pregunta el propio arquitecto al oírse se sorprende de lo pijo que parece hablando, y es que si hablas como un pijo lo más seguro es que lo seas o lo quieras ser. Y sin duda es de pijos y de persona poco inteligente rechazar la idea de hacer una casa a quien sea, porque como decía el personaje interpretado por Weaver en "Armas de Mujer": "No quemes tus naves, los capullos de hoy son los magnates del mañana"-conste que no califico de "capullo" a Belén Esteban, pero en la consideración del arquitecto ella está cerca de esa categoría-, y quien sabe si pasada la moda de hacer tanatorios-hogar, venga una Belén Esteban o una Campanario y te haga un encarguito que te saque del dique seco.

En la entrevista salen varios ejemplos de la obra del afamado autor, que no entiendo qué hace en La Noria, pues ya es el arquitecto de los famosos, con semejante cartera de clientes y el boca-oreja consiguiente no necesita publicitarse. Llevo años viendo en ciudades y pueblos de España construcciones del corte Joaquín Torres, en forma de ambulatorios, tanatorios, y otros tantos edificios públicos de reciente construcción. Siendo realistas, el aspecto de una casa por fuera tiene poca importancia, pues lo que en realidad importa es el interior, pero puesto a gastarse uno nueve millones en una casa, sería de agradecer que no se asemejase a un tanatorio municipal, porque puede pasar, es un caso extremo que un chofer novato de una funeraria se confunda y acabe dejando féretros a la puerta. Y no es que desde aquí se arremeta contra la arquitectura moderna, hay ejemplos muy ingeniosos de última tendencia que sí son gratos a la vista a la vez que funcionales, pero seguro que no son tan caros, y si lo son es porque la estructura y los materiales se emplean de un modo más funcional. Uno de los lemas de este tipo de arquitectura es que no rompe el paisaje como lo haría un típico chalet o mansión con tejado a aguas, pero lo cierto es que lo rompe mucho más, es como ver la veta de una cantera en mitad de la nada.

Por otro lado está el tema de que uno puede estar en la cima de la estética arquitectónica, pero está claro que el look que lucía el aclamado profesional no estaba en sintonía con su obra. Porque el fular al cuello en estas fechas debería tener una explicación más funcional que estética ya que desentonaba bastante, tal vez el señor estaba acatarrado o no habría podido cambiarse de camisa porque el cuello lo tenía aún negro por haber venido de supervisar una obra, o se había manchado de maquillaje o de bronceador ya que el señor está bastante moreno, un moreno obrero claro está, dado que debe estar a pie de obra para llevarla a buen término, dado el dineral que recibe. Sería también aconsejable que el señor Torres dado que gana lo que gana corrigiera el estropicio de su labio inferior tan poco natural.

Este post podría titularse: "Joaquín Torres no le haría una casa a Belén Esteban", pero su elegante respuesta, aunque no deja lugar a dudas obliga a titularlo de otro modo.

lunes, 28 de marzo de 2011

Ángel y Sabrina: ¿regreso del anonimato o rumores?

Cuando piensas en escribir en un blog para nada se te viene a la cabeza que con sólo una entrada podrías sacarlo adelante. Si todos los anhelos de tu vida se basasen en ese blog sería devastador el pobre resultado del mismo. Da igual lo que escribas, sólo interesa una cosa: Ángel y Sabrina. Visto el interés absurdo que suscitan es comprensible que se hayan ocultado de tal modo que todo lo que queda sobre ellos son recuerdos y rumores. El último de estos rumores que ha incrementado las visitas a mi blog es que iban a entrar en El Reencuentro. Un rumor interesado obviamente. Y es que para saber si se ha escrito o dicho algo de Ángel y Sabrina sólo tengo que mirar las visitas de mi blog. Luego entro en Google y busco las entradas más recientes sobre la pareja. Justo lo que acabo de hacer. Y bingo, en la web La Vida En Directo una noticia anuncia la posible entrada de Ángel y Sabrina además de la de Carlos Navarro y Fayna. Y es generoso llamar a esto noticia, porque no es más que un rumor para despertar un cierto interés sobre algo que quizá no lo tiene.

Pero… ¿y si fuera cierto? ¿y si Ángel y Sabrina volvieran a la tele? Después de años de lucha por recuperar el anonimato del cual se arrepintieron salir muchas veces tal vez hubiera un motivo, claramente económico para volver a sufrir las hieles del famoseo. La excusa de ingresarlos en el concurso entremés de Supervivientes sería que se diera por cierta la nunca suficientemente confirmada noticia de que se separaron. Noticia que una vez salió a la luz fue desmentida ese mismo día en la cadena que los parió.

Pero hay un fenómeno curioso que se dio en Telecinco dada la principal actividad empresarial que se ejerce en esa cadena, entre informativo e informativo, que no es otra que el desmenuzamiento de vidas ajenas más o menos importantes y eso sí, que no les cosa a demandas; y es que increíblemente pese a la contundencia de la noticia, dejaron en paz a Ángel y Sabrina, y no sería por que no hubiera interés por ellos, las visitas a mi blog lo acreditan. Aparte de la que se lió con la noticia de Globedia que finalmente alojé en mi blog previo permiso de la autora que acabó hasta las narices de ejercer de moderadora de comentarios. No se entiende. Y me alegro por ellos. Que consiguieran que no les dieran la lata es algo, además de extraordinario, digno de admiración. Pero mi asombro sigue en aumento, me sorprende que los medios de comunicación rosas se pararan ante algo y lo respetaran. Por eso, si volvieran a la palestra sería tirar por la borda un trabajo muy laborioso y de muchos años. Por que no quede un acento crítico, como personas que sin duda se quisieron, por mucho que tuvieran que lamentar su acercamiento a los medios de comunicación, hay que reconocer que si no hubieran participado en Gran Hermano, tal vez nunca se hubieran conocido, y de haberse conocido dudo que se arrepientan, pese a que hayan roto.

Alcanzar el anonimato una vez perdido es algo tan difícil o más aún que alcanzar la fama. Hay otra malagueña, mundialmente famosa, que emprendió esa ardua tarea, y casi lo consiguió, pero el anonimato una vez perdido no se recupera, siempre hay alguien que te reconoce, pero tal vez, con un poco de suerte no sea un pelmazo.

Ser un donnadie no está nada valorado, poder ir por la calle sin que te pare nadie, comer o tomar un café en un bar sin que se te acerque nadie con una servilleta de papel en la mano y un boli con propaganda en la otra exigiéndote el deber de firmar un autógrafo, porque la fama te obliga a ese peaje. O como les sucede a los famosos que exponen su vida que una señora con gafas cualquiera te dé consejos sobre tu vida. Como estos hay muchos otros tributos que la fama exige sin que el famoso crea cuando no lo es, que tiene que pagar. Y vivir levantándote tranquilo todas las mañanas sin temer el sobresalto que te puede causar ver la tele y escuchar el último rumor insidioso sobre ti.

Desde luego como decía el sabio cordobés, "El Cordobés": "más cornás da el hambre", y antes que robar y matar por dinero, más vale perder el anonimato para comer. Y tal vez uno pueda aguantarse el hambre y la necesidad propias, pero las ajenas, las de los seres queridos, por mucha dignidad que uno tenga, provocan que se pierda. Y por ello, y desde aquí valga toda la comprensión hacia quienes un dia se exponen a los medios a cambio de dinero por estas causas y reciben unos inmerecidos reproches. Sé que mucho listillo con la luz pagada para toda la vida diría que antes hay otras soluciones, pero eso es fácil decir cuando se tienen medios y contactos a su alcance y dinero para mantenerlos.

Nota: Aquí el enlace que ha provocado esta nueva entrada de mi blog.

http://www.lavidaendirecto.com/modules/news/article.php?storyid=721

lunes, 27 de septiembre de 2010

Breve Encuentro Vs. Enamorarse o como un remake destroza el recuerdo de una buena película



Se supone que "Enamorarse" es un remake de "Breve Encuentro", lo cierto y verdad es que esta última casi es pornográfica al lado de ENAMORARSE, no porque en ella salgan escenas duras, sino porque la película es tan redonda que lo clandestino, la tensión y el miedo de los protagonistas traspasan la pantalla.
Para empezar por uno de las diferencias a la par que defectos de la nueva versión mata toda la esencia de la versión antigua prescindiendo de la escena donde los dos protagonistas se acercan por primera vez. La escena de la "carbonilla" en el ojo sitúa la historia en un plano romántico en el cual Robert De Niro no tendría cabida la apostura del protagonista en blanco y negro sacando su pañuelo y cogiendo delicadamente el rostro de la dama es algo que aunque De Niro hiciera quedaría más cercano a un padre rudo que a un apuesto y galante caballero; por otro lado en los 80 De Niro sacaría un vulgar pañuelo de papel y no se atrevería a cogerle la cara a Streep. De Niro es el antídoto del romanticismo, quien pensó en él para el remake debía estar "muy fumado" como dice el periodista José Antonio Sánchez. Otro cambio del remake que mata cualquier posibilidad de romanticismo son los trenes de los años 80 de Nueva York que parecen latas de conservas, nada que ver con las maquinarias que aún hoy día siguen enamorando a coleccionistas de todo el mundo e incluso sirven de atractivo turístico y vuelven a funcionar para deleite de nostálgicos de las antigüedades ferroviarias. Claro, contar con los trenes actuales hace imposible que una carbonilla se meta en el ojo de la protagonista dado que ya no funcionan con carbón. Pero igual podría metérsele cualquier cosa en el ojo, tropezar, cualquier cosa que sirviera para mostrar a De Niro menos patán de lo que suele ser a primera vista. En lugar del pretexto del ojo para acercar a los futuros enamorados se usa una escena en la que De Niro queda más patán de lo que su presencia ya aventura. Nadie puede imaginar a De Niro, matizo, a un personaje que interprete, dentro de una librería, pero el o los guionistas de "Enamorarse" lo introducen allí para que cargado de paquetes se tropiece a la salida con Meryl Streep y al enredarse sus bolsas intercambien sin darse cuenta sus regalos, que precisamente son los libros que acaban de comprar y así en el siguiente encuentro en el tren tener un motivo para volver a hablar. E insisto, la torpeza del guionista por si fuera ya grave el error de casting al escoger a De Niro cuando perfectamente el papel le encajaría mejor a Harvey Keitel que aparece en la misma producción haciendo un secundario, o a Jeff Bridges, van y le hacen comprar un libro de jardinería para su esposa que por muy aficionada que sea, más machista imposible.
Sin saber porqué sigues pegado a la pantalla inspirado quizá por "Breve Encuentro"  porque crees que siendo una película más moderna aquella historia que siendo sencilla te depara mil emociones cuanto no más una historia situada en la época moderna donde un guionista puede llevar a los personajes más lejos que la película de los años 40. Pero no, no hay casi tensión, ni escenas de sexo, ni besos, ni caricias que te hagan creer que hay pasión entre los personajes. Si la película se titula Enamorarse, debe ser un enamoramiento en una fase muy leve. Porque nadie se cree que teniendo a la tía dispuesta en el catre en una casa para los dos porque a la tía le de un repentino ataque de arrepentimiento no se reponga y acaben revolcándose como berracos adúlteros.
Es asombroso que una película que describe un adulterio, aunque sin sexo haga aparecer a De Niro como un  auténtico soplagaitas, prácticamente parece impotente. Resulta increíble pensar que sea el mismo actor que interpreta al psicópata de EL CABO DEL MIEDO, y eso que hay una escena que remite a esta película, cuando Frank (De Niro) sin noticias de Molly (Streep) acude a la entrada de su casa con el coche como un acechador recién salido de la penitenciaría más cercana. Y viendo "Enamorarse" piensas que sí, que De Niro es un excelente actor, porque nadie pensaría viéndolo como persona que pueda llegar a ser tan gilipollas de tener a una tía a su merced y no trabajársela hasta el final.
Tras ver la película aparte de un calentón increíble al que sólo puedes dar salida poniendo a parir la película, llegas a la conclusión de que acabas de ver un publirreportaje de 90 minutos de la red de cercanías de Nueva York. Que seguramente cuando la película se estrenó en los cines al día siguiente habría vagones de tren atestados de marujas esperando encontrar el Robert De Niro de turno al que sí llevarse al catre, no como la tonta de Molly; así como también trabajadores de la construcción u otros gremios esperanzados de encontrar una aventurilla que les saque de la muerte en vida que suele ser la cotidianeidad en muchos casos.
De ningún modo se puede culpar a los actores del fiasco de película, sólo se les puede considerar víctimas de un pésimo casting, un peor guión y una pésima dirección. Parece increíble que apenas unos años antes estos dos actores protagonizaran escenas tan potentes como las de "El Cazador". Sólo se puede rescatar a Streep, la cual salva un personaje al que dota de significado pese a los metros de tela con la que la ocultan durante toda la película. De acuerdo que los años 80 fueron muy raros en lo que a moda se refiere, pero no se entiende que a la actriz le pongan chaquetas tres o cuatro tallas más de lo que le pertenece, o le cuelguen de la cintura faldas más propias del siglo XIX haciéndole parecer con todo ello el triple de gorda de lo que en realidad es, quizá es así como el director se imaginaba a una mujer de mediana edad que sólo trabajaba ocasionalmente. Hasta la protagonista de la película original parecería moderna al lado de la Molly de Streep. Cierto es que Streep tiene una cara antigua, más digna de aparecer en cuadros de Rubens, pero es una actriz extracompetente a la que ningún personaje se le resistiría.
Pese a todo el despropósito que es Enamorarse, no elimina uno de los mensajes de la película original: COGER EL TRANSPORTE PÚBLICO ES MÁS BARATO, HOY DÍA DIREMOS QUE  ADEMÁS ES ECOLÓGICO Y PUEDES ENCONTRAR ALGUIEN DE QUIEN ENAMORARTE. Esto se lo vengo diciendo yo hace mucho a personas que quieren encontrar pareja, el coche es veneno para hallar pareja, no te codeas con nadie, no cruzas la mirada con nadie, es como una burbuja de 2x3 en la que es difícil que nadie te vea y por tanto se te acerque tampoco tus amistades, conocidos, familiares, etc. con los que te podrías encontrar en el tren o el autobús invitarlo a sentarse a tu lado o a la inversa, y hacer más agradable el trayecto reforzando lazos con una conversación.
Pero nadie puede hacerme creer a mí, que si Frank-Robert De Niro se te acerca en el tren con la excusa que sea te vas a enamorar de él.
Por último una curiosidad que me asalta a propósito de la escena más emocionante de la película en la que Molly se decide a ir a la casa ya vacía de familia de su amante frustrado donde él le ha intentado citar telefónicamente y hasta allí intenta acercarse con el coche en medio de una abundante lluvia en la que, tras un intento de adelantamiento a un camión, el coche acaba por no arrancarle cuando precisamente un tren pasa bajándose la barrera que ella estaba a punto de traspasar y un potente frenazo lo impide así como el despedirse de Frank que abandona Nueva York por trabajo. ¿Puede ser que esta escena se parezca en parte a otra película de un adulterio más logrado que posteriormente protagonizaría también Streep? Por supuesto me estoy refiriendo a "Los Puentes de Madison", la cual estaría muy bien revisionar para reparar los estragos causados por la muy mal rematada "Enamorarse".



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lunes, 20 de septiembre de 2010

Amistades perras VII: Bea e Ylenia

La amistad a veces es una cosa que recibes y no siempre te gusta. Puede que la persona te caiga bien, pero en la distancia a ojos de observador, no como alguien que ha de interaccionar con esa persona porque algo dentro de ti te dice que no debes continuar esa amistad o al menos profundizar demasiado en ella. Es esa vocecilla interior a la que tantas veces desoíste y acabó teniendo razón la que se hace oír cada vez más con el tiempo y acabas haciéndole caso, sin embargo la vocecilla o  tu instinto pueden influir en tu voluntad, pero no en la de los demás.
La amiga apasionada
Existe un género de personas que parece que recibir  NOES actúa en ellos como un revulsivo y lejos de aceptarlos dedican tiempo y esfuerzo a borrar esos NOES de su vida. Tanto es su afán que testigos de su comportamiento ajenos a la amistad llegan a opinar que más que amistad parece amor lo que esa persona manifiesta por la intensidad y contundencia de sus actos. Veamos un ejemplo:
Bea e Ylenia se conocen a través de una tercera persona. En un primer encuentro el marido de Ylenia le hace una advertencia en el sentido de que sea para bien y que no se le hiciera daño a Ylenia .
Bea es una persona inexperta en el trato social entre parejas. Al final Ylenia  y Bea quedan de nuevo con sus respectivos maridos.
Bea no se siente cómoda y no solicita la compañía de Ylenia , pese al desinterés mostrado por Bea, Ylenia  llama sin descanso a Bea lo cual incomoda a ésta. Bea deja de coger el teléfono, empieza a cogerle fobia. Al ver que Bea no contesta el teléfono Ylenia  no se arredra y se presenta en casa de Bea. Bea hace un esfuerzo y sigue quedando con Ylenia .
Ylenia  confiesa tener una adivina entre sus familiares, y que ella misma en una sesión de espiritismo sintió como un familiar fallecido le hablaba al oído por lo que ni siquiera tiene curiosidad por estos asuntos.
Bea siente curiosidad y preparan un encuentro con la adivina para que le eche las cartas. A Bea le dicen cosas que se sacan a pocos datos que se tengan y de los que se pueden sacar conclusiones muy acertadas a poca experiencia de vida que se tenga dada la edad avanzada de la adivina. En algunas cosas acierta y en otras falla estrepitosamente. Por la sesión en la que la adivina acaba leyéndole la mano al marido de Bea manifestando más interés por él, le cobra 5000 pesetas de los años 90. Durante la sesión Ylenia  que les había dejado a solas en la cocina no para de entrar y salir mostrando un manifiesto nerviosismo. La adivina por su parte no para de hablar mal de Ylenia .
El marido de Bea acababa de comprarse un coche justo cuando Ylenia  y Bea empiezan a tratarse. A los tres meses Ylenia  se había comprado un coche del mismo color, modelo y marca. Definitivamente Bea se arrepiente de no haber hecho más caso de su voz interior. Anticipándose a lo que Bea piensa Ylenia  en un tono estridente y muy forzado de broma dice:
"Envidiosa, te has comprado el mismo coche que yo".
La relación intermitente de Ylenia  y Bea dura un año y medio aproximadamente en los que Bea hace acopio de detalles no muy agradables:
Una invitación a su cumpleaños que en el último  momento se anula para no coincidir con sus otros amigos a los que ya conocen por haber asistido con ellos a una romería de primavera. Pese a la evidente marginación sugerida por sabe Dios quien: amigos, familiares o ella misma, acuden a la celebración.
Quedan algunas noches tomando algo en el patio de la casa de Ylenia que Bea recuerda agradablemente excepto por la sensación de estar molestando al marido que se iba a acostar para trabajar al día siguiente.
Ylenia  se le ocurre hacer oposiciones y quiere que Bea las haga con ella para comprar el temario a medias. Bea no quiere hacer esa oposición porque no quiere arraigar en esa ciudad, cosa que le advierte.
Durante ese tiempo surgen ciertos contratiempos médicos en los que Bea acompaña a Ylenia .
Y se presenta por su parte a una oposición y Bea le cuida los niños mientras tanto.
Tiene mucha inquietud por salir de su casa pese a que uno de los niños aún no tiene edad de ir a la guardería pública. Encuentra un trabajo de televendedora de enciclopedias. Tras una semana se decide a denunciarlos por no hacerle contrato, esa semana Bea le ha estado cuidando a uno de los hijos, por salario recibe un animalito y su jaula de regalo, éste muere al poco tiempo.
Bea sigue intentando esquivar a Ylenia , pero ésta no se da por vencida. Tras un año, unas vacaciones y uno de los periodos de silencio de Bea, Ylenia  se presenta en la casa de nuevo. Y confiesa a Bea que ha reencontrado a un viejo amor de su pasado, él acababa de volver de muy lejos y ella al enterarse lo visitó y le dio su número y su dirección.
Se empiezan a llamar y a mandar cartas. Ylenia  le confiesa a Bea que el chico le ha confesado su amor por ella. Bea se cae al suelo. Ylenia  le corresponde, como no. Tras hablarlo Ylenia  manifiesta que esperará a que sus hijos sean mayores para divorciarse –aquí debería sonar una carcajada-, Bea la cree y se lo recomienda.
Bea no puede creerlo, incluso le dice: "Pero si tú y tu marido sois la pareja perfecta". Y contesta: "Eso es de puertas para afuera".
Cuando Ylenia  cierra la puerta tras ella Bea empieza a desconfiar recordando la última frase antes de la despedida de Ylenia :
"Hoy has tenido mejor telenovela que las de la tele" (sobra describir el tono irónico y la expresión a juego de su cara).
Bea está a medio camino entre el pavor y la fascinación. Es joven y jamás ha tenido ante sí una historia de este calibre.
Se suceden las visitas. Un día al hablarle de las cartas, Bea le pide a Ylenia  que se las enseñe, Y dice que las rompe y las tira para que no las descubra su marido. Pasadas unas semanas Ylenia  le dice a Bea que su viejo amor va a venir a verla. A última hora el marido de Ylenia  programa un fin de semana en un hotel rural para arreglar la relación, un gran golpe de intención por su parte, aunque inútil como demostraría el desarrollo de los hechos. Según propia confesión de Ylenia  a Bea hace más de un mes que no tienen relaciones, ella además se regodea y le dice a Bea que para hacer rabiar a su marido se acuesta desnuda, pero no le deja tocarle.
Ylenia  ante el inesperado viaje al hotel rural con el marido y la imposibilidad de anular los días de vacaciones que su viejo amor ha pedido para ir a verla pide a Bea que lo reciba en la estación de autobuses y le busque pensión. Bea acepta, pero como en todo momento por su desconfianza pone al tanto a su propio marido le comunica el encargo que ha recibido. El marido de Bea no está de acuerdo y no le permite de ningún modo que lo haga a no ser que él esté presente, pero tiene que trabajar. Tienen un enfrentamiento disgustante, ya que Bea, pese a no sentirse cómoda con el encargo que le parece de alcahueta al más puro estilo de La Celestina del arcipreste  quiere cumplir a Ylenia , en un deseo quizá de convertir una tortuosa amistad en una amistad para toda la vida aceptando que nadie es perfecto, pero también en un deseo de confirmar si todo el asunto es cierto y el viejo amor existe.
Al final por el disgusto de Bea y su marido las cosas se ponen tan feas que Bea no puede cumplir el encargo. El recién llegado deja un mensaje cuando llega en el contestador de Bea con un nombre falso, lo cual hace mosquearse al marido de Bea que lo oye, ya que B se ha tomado unos días para reflexionar sobre su relación con su marido.
Pasa un mes en el que extrañamente Ylenia  no llama a Bea que ya ha vuelto a su casa. Un día se presenta en casa. Bea está muy enfadada porque siente que Ylenia  aparte de destrozar su matrimonio ha estado a punto de destruir el suyo. No la deja pasar a casa porque el marido de Bea está allí, y baja con ella a un parque cercano donde hablan a solas. Allí ambas se ponen al tanto de lo sucedido a cada una:
"Tras el fin de semana en la casa rural Ylenia  queda con su Viejo Amor, pero como es verano y ella va con sus hijos, ya que no tiene con quien dejarlos, no pueden hablarse, sólo verse con varios metros de separación."
"Él se fue manifestándole por teléfono lo mucho que sufría por verla  y no poder hablarle ni estar con ella".
"Un día Ylenia  se decide a confesarle todo a su marido. Este por supuesto no se lo toma de la mejor manera y se pone a romper cosas, ella se cierra en el baño y llama a su Viejo Amor pues se había llevado el inalámbrico, el marido llega a romper un cristal de un puñetazo. Encerrada con los niños durante horas en las que él amenaza con suicidarse con unas de las miles de pastillas que ella guarda en el abarrotado botiquín que es un armario entero de la cocina de formica."
"Para cuando el Viejo Amor llega todo está más tranquilo e incluso habla con el marido. Todos van a casa de los padres de Ylenia  de donde Ylenia  y su Viejo Amor salen perdiéndose en Madrid."
"Todo es muy raro para Bea, porque finalmente Ylenia  sigue con su marido y así se lo pregunta a ella. Ylenia  le dice que no ha podido irse con su Viejo Amor porque éste no gana lo suficiente para mantenerla a ella y a los niños y que sigue con su marido, pero –Ylenia  tira de una joya que lleva al cuello mostrándosela a Bea- que se ponía las joyas que su Viejo Amor le ha regalado delante del marido."
"Bea le cuenta que tuvo que poner a su marido al tanto y que el empeño de Bea provocó un disgusto en su matrimonio y le impidió cumplirle el encargo. Y parece no darle importancia, pero al enterarse de que el marido de Bea sabe la historia dice: "Pensará que soy una puta". Bea no le sigue el rollo al ver que para ella lo más importante de las consecuencias de su aventura sobre Bea es lo que piensa el marido de Bea de ella.
Bea tras la explicación dada le pregunta qué quiere. Ella dice que sigan con la amistad y que Bea y su marido vayan a la casa de Ylenia  a cenar o lo que sea. Bea le dice que de ningún modo pueden sentarse a la mesa a mirar a la cara al marido de Ylenia  con todo lo que ha pasado y sigue pasando. Que lo de ir a las casas se acabó, que Bea puede ser su amiga y basta y que si se encuentran por la calle se pueden tomar un café.
Ylenia  le intenta convencer con argumentos como la amistad es más que el amor y que se debe más a un amigo que a una pareja. Bea viendo la manipulación le contesta que tal vez haya personas con un corazón muy grande donde cabe todo el mundo, pero que en el de ella sólo cabe su marido. A lo dicho por Bea, Ylenia  contesta que cuando a Bea le pase lo mismo de qué amiga va a tirar. Bea piensa para sí que si le pasara no cometería el error de engañar a su marido y le confesaría todo antes de llegar a mayores, pero no le dice nada a lo que considera una presunción destinada a manipularle nuevamente, pues en cualquier caso desde que Bea estuvo enterada del asunto siempre pensó que si fuera a la inversa Ylenia se lavaría las manos, no la ayudaría y la criticaría despiadadamente, y además seguro haría que el marido de Bea se enterara si esa situación se le diera. Cuando Bea repite su propuesta de sólo amistad entre las dos, sin maridos y sin casas, Ylenia  dice sin mirarla que la gente es muy mala. Bea ve en ello un signo de resignación y se siente más tranquila. Da por terminada la conversación y la acompaña a la parada del autobús. Después de todo ha hecho en esta conversación lo que ella sibilinamente le aconsejó: Más vale una vez colorada que ciento amarilla.
Pasado un tiempo al llegar de unas compras Bea y su marido encuentran una nota en la puerta de su casa. Ylenia  ha estado allí y según la nota con la excusa de pedir una película que prestó a Bea. Bea recuerda habérsela devuelto y siente que Ylenia  quiere reproducir el ciclo pensando que con el tiempo Bea pueda ser accesible, Bea se pone histérica y el marido de Bea llama a la casa de Ylenia , Bea lanza un montón de improperios que Ylenia  oye y se despide insultando a Bea y a su marido. Cuando todo se calma el marido de Bea le cuenta que Ylenia  que vive cerca de un almacén donde el trabajo del marido de Bea le lleva a visitar cada dos por tres le acecha y se medio esconde, pero él la ve mirándolo y que eso le recordó que muchos años de que Bea conociera a Ylenia  e incluso mucho antes de que Bea conociera a su marido, Ylenia  ya acechaba a éste, sólo que no la reconoció cuando Bea se la presentó porque había perdido mucho peso y ahora estaba más cambiada que cuando le acechaba siete años antes, época en que los compañeros del entonces soltero marido de Bea preguntaban quién era esa mujer que siempre estaba allí durante mucho tiempo y los del almacén decían que hablaba por teléfono desde una cabina cercana porque no tenía teléfono en su casa. Bea alucinada se niega a creer que sean la misma persona, pero el marido le asegura que sí, que los del almacén decían que bajaba a llamar a esa cabina porque vivía en una casa de al lado y coincidía que era la casa de Ylenia .
Por suerte para Bea ya no hubo más visitas inesperadas ni llamadas de Ylenia , sólo algunos encuentros inesperados, pero nada fuera de lo común en una ciudad de provincias en los que Ylenia  ya ni saludaba.
A Bea siempre le quedó una incógnita sin resolver. La propia Bea si alguien no le hubiera cogido el teléfono sin excusa más de tres veces no se hubiera rebajado a seguir intentando un contacto con esa persona tan esquiva. ¿Por qué Ylenia  no cesaba de reanudar una y otra vez el contacto que Bea interrumpía a la menor oportunidad?