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jueves, 2 de septiembre de 2010

Amistades perras VI

Hay personas con las que mantienes una amistad cuyo origen puede ser diverso, pero acaba desembocando en una amistad por unas circunstancias dadas aunque la relación partió de otra cosa. Estas personas, quizá por el vínculo al que te unen pretenden tener un derecho preferente e incluso intervenir en tus relaciones con otros seres humanos. Si les aclaras que no tienen ese derecho responden con que no se puede hablar contigo, recayendo en ti la carga totalitaria y dictatorial. Resulta que es más pecado informar de tus formas de actuar que un individuo quiera aislarte socialmente con su afán de exclusividad.

El amigo exclusivo: ejemplo 1

A y B se conocen.

B es una persona con muchas relaciones y amistades. A también conoce a  mucha gente, pero no tiene una relación estrecha con nadie porque el trabajo tiene una turnicidad diseñada por un torturador chino, y la mayor parte de sus contactos van y vienen, se casan y no permanecen.

B intima con A. salen a menudo. B va descuidando a sus amistades y relaciones. Unas se distancian por propia voluntad, otras por motivos de cambio de centro de actividad.

B acaba viviendo y dependiendo económicamente de A. B intenta reanudar sus relaciones descuidadas, pero es imposible.

A no aporta sus relaciones. B acaba aislada.

B busca nuevas amistades en otros foros, pero acaba encontrando experiencias decepcionantes, cosa que A aprovecha para apuntalar sus razones en contra de buscar relaciones sociales sin tener en cuenta que el error de B es buscar en foros inadecuados.

Tras un tiempo B repesca algunas relaciones. A ha comprendido que nadie es perfecto, pero hay gente más perfecta que otra.

 

El amigo exclusivo: ejemplo 2

GA' y B se conocen prácticamente desde que nacieron. Son como el agua y el aceite y mantienen una relación tormentosa de idas y venidas. B acaba por comprender que la única manera de finalizar con el sufrimiento que le ocasiona su relación con GA' es dejarlo de hablar.

Pasa el tiempo, B y GA' por su antiquísimo vínculo se ven obligados a tratarse, pero GA' se olvida pronto de la sensibilidad de B hacia las tentativas de coartar su libertad de acción y de tomarse confianzas nunca concedidas.

GA' se empeña durante unas semanas en fiscalizar la relación de amistad de B con V. pregunta a V si habla a menudo con B. A B le censura que la llame primero o que quede con ella.

V desperdició un fin de semana en ir a ver a B porque ésta lo necesitaba, ante ésta misma petición GA' se niega: "Ese lugar donde vives no me llama".

Finalmente GA' alega un supuesto "derecho preferente" frente a V. B no entiende nada y no sabe si lo que GA' quiere es relacionarse con V y que V a su vez no se relacione con B, o que B deje a V en el dique seco basándose en un problema de V con una amistad de GA' que nada tiene que ver con B.

GA' quiere recuperar la amistad con S. S y V se enemistaron. S y B tenían la misma relación que B y GA'. B piensa que uno de los motivos por los que GA' se comporta así es que crea que si B recuperara su relación con S, él lo tendría más fácil, pero crea que S sería reacia a reanudar relaciones con B al tratarse B con V. Si este supuesto fuera cierto, lo que GA' ignora es que S por su orgullo y B por su desconfianza tienen una probabilidad entre varios millones de volver a reanudar su relación.

El problema de V y S: V tenía un amigo. El amigo se interesó por S. S y el amigo Y empiezan a salir. V por su amistad más profunda con S que con Y advierte a S de ciertas peculiaridades de Y. parece no pasar nada. S no traga a los amigos de Y, quizá porque les culpe de esas peculiaridades de Y. Y se cabrea cada dos por tres con S porque no quiere salir con sus amigos. Y se acaba desahogando con V y otros amigos comunes de ambos, éstos al verle tan mal y tan quejoso, y dado que no es la primera vez que se encuentra así sin saber que hacer le dicen lo que cualquiera en una situación así: si tan difícil es vuestra relación ponedle fin. Y vuelve a estabilizar su relación con S y por algún motivo le confiesa lo que sus amigos le aconsejaron. S se lo toma como un ataque y deja de hablar a su amiga de casi toda la vida V y de paso a todos los que tienen que ver con ella pese a que no han hecho nada. GA' hace pandilla con S y también retira el saludo a V y adlátere pese a que casi todos los días se cruzan.

V con el tiempo se arrepiente, viéndolo en la distancia se da cuenta de que debió mantenerse al margen. Lo que V ignora es que cuando una pareja decide aislarse de sus correspondientes entornos porque consideran que estos estorban o desestabilizan la pareja da igual que pretexto hubiese buscado S que también hubiera acabado alejándose. Si se añade que S es una persona que disfraza su pusilanimidad de orgullo jamás se producirá un acercamiento entre S y V.

Y es que formar una pareja no suele ayudar para conservar amistades. En un periodo del conocimiento de una pareja, en el que para evolucionar debes confiar sin realmente conocer a la otra persona, o dejar el pasado de la otra persona en un saco y tirarlo a un río para empezar de cero con ella una historia en común. Pero con el entorno amistoso pasado de esta persona interfiriendo en una relación, este "saco del pasado" puede salir a flote cada dos por tres y tambalear la frágil estabilidad de quien desea una pareja para toda la vida, con la que pretende tener hijos y dinero en común y forjar proyectos que requieren confiar para tener una seguridad y no sumirte en la desesperación que da la zozobra de un futuro incierto.

A ciertas edades tan tempranas y en ciertas personas que prácticamente se han criado en un invernadero decir ciertas frases no comporta para ellas un riesgo de perder una amistad, porque su ingenuidad e inexperiencia no les previene del peligro de que alguien coja esa frase aislada de un contexto y la use como arma para sacrificar amistades en virtud de una estabilización sentimental que peligra por celos, dimes y diretes.

Por otro lado sería bueno tener en cuenta que tal vez el objetivo de ciertas personas en la vida no es cultivar amistades, sino utilizar unas relaciones dadas para conseguir sus objetivos en la vida. Sin V, tal vez S jamás hubiera conocido a Y.

Amistades perras V


Hay ocasiones en las que la amistad para algunas personas se convierte en un vehículo, en un puente para conseguir cosas, normalmente son materiales, en otras ocasiones se aspira a las influencias que esa persona tiene por su posición. Este es un ámbito muy resbaladizo en el que es dudoso que eso sea amistad, o que si hay interés también se puede calificar de amistad los momentos vividos sin que no hubiera transacción, pero difícilmente se puede valorar esos momentos gratos cuando crees que se produjeron no espontáneamente, sino más bien con el fin de producir un cierto resultado. Hay gente a la que no le importa dar, e incluso disfruta con ello, pero llega un momento en que surge aquello de "la confianza da asco" y es tanto el abuso y el descaro que incluso aquellos que daban generosamente empiezan a retraerse de hacerlo e incluso se plantean romper la relación porque les asquea, no tanto el que les expriman, sino que les tomen por tontos y se regodeen en esa idea y para nada valoren los buenos sentimientos que había detrás de cada dádiva. Y es que la experiencia te da un conocimiento innegable de que hay un elevado número de personas que creen que no existe gente buena o bondadosa –como mejor suene-, sino que son tontos, y claro han de pensar eso que lo son y que por tontos merecen que se aprovechen de ellos unos listos de cociente intelectual tan alto. Porque si se creen listos ¿qué mérito hay en aprovecharse de un tonto? Para este tipo de individuos aprovecharse de alguien lo convierte en tonto, porque si tuvieran que asimilar la verdad de la bondad de quien se aprovechan tendrían que reconocer lo que realmente son: miserables sin entrañas y verdaderos tontos, que por chulear al exprimido matan la gallina de los huevos de oro. El bueno en cierto modo también es tonto, pero no por lo que quiere hacer quien le exprime, sino porque si se quiere ayudar verdaderamente a alguien que no esté desvalido físicamente ni psíquicamente la mejor forma es que espabile, trabaje y se financie a sí mismo su modo de vida.

UNA PERSONA DECENTE JAMÁS RECIBIRÍA DE MANOS AJENAS DINERO QUE NO SE HUBIERA GANADO HONRADAMENTE

La amiga que pedía para otra amiga

B conoce a Z por carta. Intercambian misivas.

B pese a que advierte que no quiere conocer a nadie en persona da su número de teléfono.

Z llama un día a B y le comunica que está en su ciudad y que si puede ir a verla. B con reticencias accede.

B, pese a la visita de la que no ha tenido muy buena impresión interrumpe el contacto.

Z vuelve a llamar comunicando que quiere quedar con B. B le pone mil excusas y Z va a buscarla a su casa que está a 23 kilómetros con su coche para llevarla a la suya. En el camino para en un sitio donde está un compañero del marido de B, Z baja del coche y habla algo con el compañero con unos papeles en la mano. B acaba de ser utilizada sin saberlo para que Z se libre de pagar algo.

B llama a su marido para comunicarle dónde está y va a buscarla. Los maridos se conocen y no se caen mal. A la salida el marido de Z le dice a ésta que "A ver que haces que yo no quiero líos con la profesión de éste", refiriéndose al marido de B.

B sigue sin estar convencida, en la visita ha percibido cosas que no le gustan:

-Z entre bromas le llega a ofrecer consumibles que a B no le gustan nada.

-Z pese a no trabajar ni tener intención lleva a su vástago de un año a una guardería.

Tras esta segunda visita B sigue pasando, Z le llama y B cae en su red escuchándola, en tres ocasiones Z llama y cuelga diciendo que la llame B.

En el transcurso de llamadas y visitas B deduce que Z pertenece a lo que se podría llamar lumpen, o alguien que se dedica a actividades no demasiado limpias, pero nunca pasa por un tribunal.

Z presume a B de que tiene buena relación con cierto sector de las fuerzas vivas del pueblo.

Z acaba contándole que siendo muy joven su padre la casó con un hombre a cambio de dinero. Que conoció al padre de su hija en una fiesta. Z le enseña fotos de esas fiestas en las que Z aparece vestida y arreglada conforme al evento. El evento tiene ciertas características, no es una boda, ni un bautizo, ni una comunión, es una fiesta sin más de las que suelen celebrar cierto tipo de personas que se dedican a una cierta actividad y se rodean de este tipo de mujeres a las que enfundan en raso y bisutería bajo los cuales se respira un profundo aroma a bajos fondos.

Tras enamorarse o lo que fuera su compañero se la llevó a vivir al pueblo. La familia, apenas lógico, no la tiene en buena estima.

B recibe un dato que no asimila y es que Z mantiene una relación esporádica con un hombre para el que trabaja, no especifica en qué consisten exactamente sus funciones.

Durante una visita en que B y su marido pernoctan en casa de Z tras una excursión, recién levantados los tres, se escuchan los cascos de un caballo. Z que estaba adormilada sale nerviosa a la calle en sujetador apenas tapada por una sábana, ya que ha dormido en el sofá en lugar de en la cama matrimonial del dormitorio. El sofá está bajo la ventana de la calle, quizá le estaba esperando.

B sale a la calle y logra ver al hombre tocado con una visera de espaldas sobre un caballo blanco.

B consigue que Z le enseñe fotos de él que tiene escondidas. Consigue saber su nombre y resulta que es conocido de oídas por el marido de B. tiene algo así como una gestoría, pero se dedica más bien a la falsificación de papeles para extranjeros y chanchullos de ese tipo como los matrimonios por conveniencia, además las fuerzas de orden público lo usan de soplón y para que colabore lo detienen cada dos por tres.

Tiempo después lo que B interpretó como una relación platónica exagerada por Z es aplastada por una confesada estancia en un hotel con cunilinguus inolvidable según Z.

B intenta apartarse de Z, pero nunca ha conocido una persona así y cada vez que Z insiste B la atiende.

Z en los vacíos dejados por B o mientras B, ha seguido carteándose y ha conocido a una chica que como ella tiene una niña, recién nacida, el padre no quiere hacerse cargo. Z se convierte en la hada madrina de la madre soltera e intenta que B la conozca y sepa de su triste situación. B va a casa de Z porque le ha pedido ropa para la niña y la madre. Cuando B llega a la casa Z le pone la niña en los brazos.

B examina a madre e hija, pero no ve demasiados signos de pobreza, incluso podría decirse que viste mejor que B.

Z finalmente expone a B su proyecto de solucionar el futuro de su nueva amiga alquilando una casa para ella ya que en ese momento vive con sus padres y sus muchos hermanos.

B se queda a solas y una amiga de la madre soltera, una chica de catorce o quince años habla sin ser preguntada:

"Yo y mis hermanos hemos estado adoptados en muchas casas y nunca hemos querido porque estamos muy bien con nuestros padres". Siendo una chica bonita, el atuendo y algo que no se puede expresar traslucen que respira algo más que humildad por cada poro.

B se ve venir lo siguiente, no dice nada. La siguiente parada es ir a ver la casa que Z le ha buscado a su amiga madre soltera la cual parece forzada y disconforme. Parece más un empeño de Z que otra cosa. Un vecino de la madre soltera la acompaña sabe Dios porqué, finalmente el marido le dirá a B que el vecino al cual conoce por ser del mismo pueblo le ha contado que la tía es una fresca y que ahora no quiere alquilar la casa porque está pendiente de un piso de protección oficial que le van a dar y si se viene a vivir al pueblo de Z lo pierde, que en realidad quién sabe porqué es Z la que quiere a toda costa que la madre soltera viva allí.

Al final a B tras muchas discusiones con su marido le sacan un día 25000 pesetas para alquilar una casa que más parece una pocilga, y otro diez mil para llenarle la despensa a la madre soltera.

Pese al pleno convencimiento de B de que ha hecho bien algo no le convence. Tras lo que el vecino contó ¿qué se proponía Z? B, pese a la pérdida económica tiene mucha curiosidad.

Accede a visitar de nuevo a Z con motivo de la celebración de un torneo de Fútbol Sala. Z se lleva a B a sentarse en el graderío mientras su marido se queda en la última grada de pie. De repente baja el marido y le cuenta a B que le ha aparecido la madre soltera por detrás y se le ha restregado, como a pesar de separarse seguía se había bajado al lado de su mujer.

La última noticia es que Z pretende casar a la madre soltera con un musulmán para que cuide de su anciana madre, según Z, la verdad de todos los telediarios es que así el musulmán iba a conseguir los papeles. Z está muy dolida porque la madre soltera pasa de ella porque resulta que ha encontrado en el pueblo a unos familiares lejanos con los que se trata muy a menudo.

En la última visita dos tragedias sacuden aquella tarde, una el hallazgo de un asesinado por ETA tras permanecer secuestrado pidiendo como rescate la liberación de presos de ETA, la otra, tras una llamada un accidente de un familiar del marido de Z.

B cuida a la hija de Z durante el entierro.

Durante unas semanas nada se sabe. Z llama pidiendo un favor para cobrar un seguro, B se niega y con ello finaliza esta historia.

B cuando recuerda a Z sólo recuerda a aquella niña de catorce años, la amiga de la madre soltera, como avisándole de algo, era una sensación. Pero ¿qué pretendía Z?
Nota: Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

martes, 31 de agosto de 2010

Amistades perras IV

Un aspecto de la amistad es la interrupción de la misma justo cuando acaba de empezar. Podría denominarse "amistad incipiente interrumpida", no finalizada, porque la vida da muchas vueltas y nunca se sabe si esa amistad o cualquier otra, pese a las razones de su ruptura, se reanude.

La dulce amiga

Puedes encontrarte por azar en uno de esos destinos que te depara el mundo laboral conocer a alguien que fue tu vecina, pero en la época que lo fuisteis no os cruzasteis. Los descansos dan para conocerse lo suficiente para saber y más a cierta edad si conectas. Puede que esa persona te parezca perfecta, pero ambas os conozcáis en un momento inadecuado de la vida. Una por arrastrar una desconfianza y rezumar aún problemas pasados sin resolver, la otra por un padecimiento suyo no poder soportar el escuchar problemas. Totalmente en serio, es absolutamente cierto que la mente en ciertas ocasiones no pueda tolerar el escuchar problemas ajenos, en especial si la persona que los escucha es especialmente empática y a buen seguro este era el caso. Es horrible que te caiga muy muy bien una persona y por circunstancias no poder llegar a relacionarte con ella. En una relación es difícil no hablar de lo que te preocupa y morderte la lengua no es fácil. Cada cual respetó a la otra y en el tiempo que coincidieron se relacionaron, incluso la de los muchos problemas echó una mano en un problema erótico-moral a la otra, o eso intentó respondiendo según su experiencia y con toda la cautela del mundo.

Tan sólo hubo un problema, una vez más por la cena de despedida: la niña que no podía escuchar problemas había reservado y al final se decidió ir de tapas, la de los problemas apoyó a la mayoría y la otra se sintió perjudicada.

"Es que voy a quedar fatal. ¿Y si yo quiero ir a ese restaurante con mi novio?". Tenía toda la razón, pero la mayoría es así.

Con todo aún existe una cinta de cassette en cuya carátula se puede leer lo más bonito que le hayan dicho nunca a la de los muchos problemas, y además con una de las letras más perfectas que haya podido ver.

A veces lo mejor es aceptar y respetar, darte a conocer no es lo mejor que le puede pasar a la persona que aprecias o por la que sientes amistad. Y sin embargo, pese a los años, igual que una se acuerda la otra seguro que lo hará también en muchas ocasiones. Pero no hay Facebook que valga para buscar a una persona entre tantas que se llaman igual. Quizá si no se ofendió por la ausencia de contacto se acaben encontrando.

La amiga rodeada

Hay razones que aunque parezcan absurdas así contadas impiden que profundices en una amistad o en lo que parece podría ser una amistad. Tal vez cerca de donde vives conozcas a una chica majísima, con la que un día te decides a hablar porque crees que se está cometiendo una injusticia machista con ella y a raíz de ello comenzáis a saludaros afectuosamente y hasta volvéis a hablar alguna que otra vez.

Pero alguna que otra vez, porque hay infinitas razones con patas y rabo que te lo impiden. Y es que conozcas a una de esas raras chicas que aunque asediadas por sus pretendientes no se lo tengan creído y hasta sean una pizca marimacho, pero esos mismos pretendientes no paran de hasta hacer cola para saludarle, hablarle y todo lo que puedan conseguir. Y es que es curioso que los mismos cuyas babas pueden llegar a llenar un pantano próximo, son los que a sus espaldas la ponen a parir diciendo los mismos asquerosos tópicos machistas que suelen decirse de una chica agraciada físicamente y que despierta expectación y además la digiere de un modo muy diplomático. Claro  que se puede ser muy diplomática hasta que las babas de alguno te ahogan cuando pretende a toda costa ser el elegido de la corte de estúpidos que la persiguen. Y el individuo puede llegar a aullar borracho su amor no correspondido. Y hasta puede que por despecho el individuo dé un ultimátum a un rollo con el que nunca termina de romper para que ella se vaya a vivir con él y así pasear su fingido amor y creer que con ello apaga las risas de quienes lo saben todo y da bofetadas de orgullo herido en la cara de su bellísima amada. Pero hay gente que sabe Dios qué pecados cometió que nunca acierta en sus decisiones y si antes ponían de promiscua a la bellísima, se dedican a especular sobre el origen de la novia-ultimátum, y claro en boca de hombres y si una chavala gusta, el origen para esas bocas de hiena sólo puede ser uno: extranjera y prostituta. Y es que especular es gratis, da igual que no den ni una, y no sepan de la misa la mitad, pero la envidia machista es así, si no pueden obtener aquello a lo que su rabo aspira, pues lo ensucian con sus babas repletas de hiel y heces.

La especulación es una cosa seria, y a la vez digna de ser analizada en los congresos de chistes del mundo, porque no se pueden oír más desatinos en la boca de un hombre soltero o hambriento, ocioso y malvado además de machista que suele ser lo mismo en realidad.

Y es que debe ser una maldición ser guapa, porque los mismos que dan ventaja por poseer belleza son los que si no se ven recompensados por la bella en cuestión mancillan su honor, su fama y su buen nombre a costa de la distorsión, la intoxicación y la mentira más escandalosa.

Y no debería ser como muchas veces se ve que a una tía sólo por ser guapa se le guarden las distancias de antemano, pero no lo suficientemente lejos como para no poder criticarle y que se acabe enterando. Lo que le sucede a las mujeres bellas no es culpa de ellas, no hay razón para convertirse en antipática sólo para no dar que hablar. Una puede ser compañera y amiga de hombres y no por ello ha de encasquetársele la fama de que se los tira a todos. ¿Alguno de los bocazas ha estado debajo de su cama?

Lo cierto es que para ser amiga de una guapa tienes que abrirte paso a codazos entre los aspirantes para quedar a tomar café, y lamentablemente eso no está siempre en las prioridades de una. Será en otra vida, porque debajo de esa belleza cegadora –al menos en ese entorno- se adivina una persona profunda, inteligente y de buenos sentimientos, los cuales se han visto en su trato, pese a que no se los valoren porque no eran esos los sentimientos que querían despertar.

La amiga  correcaminos

Existen personas que tienen obligaciones muy superiores al resto, da igual como han llegado a adquirirlas el caso es que las tienen. Son personas que han pasado directamente de la adolescencia a la madurez de traer y criar al mundo varios seres humanos y esto al margen de lo valioso que es, es precisamente lo que hace que este tipo de personas no tengan el suficiente mundo y se vean supeditadas a gente manipuladora, aprovechada y sumamente desleal.

Te puede simpatizar y quizá en ello medie un poco la compasión o una cierta identificación por tu historia pasada. Un día habláis, rompéis el hielo. Pero hasta ahí. Te decides a continuar el trato y con la excusa de un viaje llevas regalos a sus hijos y de paso hablas con ella, mientras tiende la ropa, vigila a su bebe con el oído y termina de atender a una vecina. Es impepinable que molestas, que perturbas su rutina diaria y te retraes de visitarla, y ella lógicamente tampoco lo hace por sus múltiples ocupaciones o porque no se ha llegado a dar ese momento en el recorrido de la amistad en el que no pasa nada si te presentas sin avisar.

Pasa el tiempo, y hasta la ves pasar por tus ventanas, pero no eres de las que dan bocinazos y permite que su conversación sea escuchada por más de un par de oídos.

Y como dije en alguna entrega, no basta con querer ser amiga, se tienen que dar mil circunstancias para que ese sentimiento amistoso prospere y no se vea perturbado, por ejemplo, por insidias y gente con mucho veneno que no vive sino para intentar reírse de los que cree inferiores porque creer eso y reírse de ello le sube la autoestima tan miserable que tiene; o por gente que tiene mucho que tapar a esa amiga y cree que tú vas a abrirle los ojos a la puta realidad.

Finalmente todo se queda en un stand-by. Dios dirá.

Nota: Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.



lunes, 30 de agosto de 2010

Amistades perras III

La amiga fétida

Hay amistades que surgen, pero ciertas peculiaridades hacen imposible su buen funcionamiento.

Una persona te puede caer muy bien, pero una característica suya perturba de tal modo que al final te acaba cayendo mal.

En la adolescencia es aún más difícil si ya lo es en la madurez decirle a un impúber cosas como “Súbete la bragueta”, “Depílate el bigote”, “Te huele demasiado el aliento” o “Se te nota la compresa”. Por tus propios miedos crees que vas a herir a esa persona, que se va a acomplejar, que incluso se pueda tirar desde el viaducto más cercano o que se ahorcará en los baños del instituto con los cordones de las zapatillas que su mamá le ha comprado en Los Guerrilleros. Es una visión tremendista, pero la adolescencia es un mundo aún más lleno de miedos que la infancia, donde nada se teme por que todo se ignora.

Una niña puede ser agraciada, tener un pelo sedoso, largo, ligeramente rizado en las puntas y rubia natural. Tener claros los ojos de un brillo cristalino y acuoso. Tener un físico si no agraciado al menos pasable. Pero tener una nariz que puede provocarle la muerte del loro, de esas que en la curvatura casi se adivina el color del hueso de lo tirante que tiene la piel. Todo esto agrada o no a la vista, pero con no mirar lo que incomode basta. Pero si se sienta a tu lado, y además es parlanchina hay un defecto insoslayable: el mal aliento. ¿Cómo le dices a una niñata que le canta el pozo de tal manera que parece que algo muerto debe tener dentro? Cuando te rindes ante la idea de no decirle nada por temor a causar los daños enumerados te empiezas a preguntar si ella misma puede aguantarse su propio olor. Si cuando acerca su mano a la cara cuando tose no percibe la fetidez que acompaña al aire expelido en la tos. Pero el mundo de los malos olores tiene algo mágico que es que sin saber por qué te acostumbras a ellos. Y el mundo sigue rodando. Hay cosas más difícil de sobrepasar en el comportamiento de esos que al ser compañeros se procuran deudas de amistad tratándote a menudo, haciéndote creer que eres algo más que un vecino de pupitre.

El contacto con la compañera fétida no se produjo hasta bien pasado el curso. Siendo repetidora y sentándote en la última fila a comienzo de curso cuando todo está lleno es difícil llamar la atención de nadie. Es lo más parecido a ser una apestada. Sólo otros repetidores como tú o adultos buscando aprobar su asignatura pendiente se acercan tímidamente a ti. O desesperadas que trabajan e intentan estudiar a la vez te piden los apuntes. De ese modo llegué a tener contacto todo lo que el trabajo le permitía con la que resultó ser vecina de la amiga fétida. La peña que es muy observadora, en especial la fétida acabó hablando conmigo entre clase y clase y me informó de su relación de vecindad con la peticionaria de mis apuntes, ésta sucumbió al trabajo y abandonó el curso, otros al desaliento y la clase acabó pareciendo más grande de lo vacía que estaba. Ya estábamos en el segundo trimestre, ya había habido notas y la repetidora no había desaprovechado el tiempo, cosa que ya habían advertido varios. Fétida tomó nota y acabó por sentarse con la repetidora. A la enemiga del elixir bucal parecía no preocuparle atender a las lecciones del profesor y no se cohibía a la hora de parlotear sin parar. La repetidora en su preocupación por no malgastar otro año de su vida le pidió que hablaran mediante notas. En una clase llegó a rellenar un folio entero de estupideces.

La repetidora había incorporado a su lista de contactos a una chica que se sentaba en las últimas filas con los chicos, más bien los chicos se sentaban con ella asediándola con sus continúas rogativas para salir con ella. La repetidora con el tiempo se enteró que en el curso anterior la niña mona y la fétida iban a la misma clase y la repetidora sólo encontró una explicación a que fétida no fuera amiga o más compañera de la niña mona: era mona y asediada por los chicos. Al final fétida, mona y repetidora llegaron a ir a cenar con otros compañeros por navidad.

En los exámenes finales de curso fétida hizo en el de matemáticas uno de sus números por el que un cierto docente dio en llamarle “MariNervios”, y es que al parecer cuando no aprobaba una asignatura sus padres iban a hablar con el profesor correspondiente a dar noticia de unas ciertas dificultades que tenía su vástaga para estudiar por sus nervios. Al final del examen cuando ya no había nadie la profesora de matemáticas se quedó a solas con la fétida marinervios y al poco supimos que había aprobado matemáticas con un 6 a la primera, sin recuperación ni nada, cuando siempre suspendía. Y es que claro, a la profesora había que comprenderla por un cierto padecimiento que tenía, ya que debido a él se solidarizaba con ciertas dificultades ajenas. Vamos un verdadero chantaje emocional, quién tuviera unos padres así, cuántos cates nos hubiéramos ahorrado y repeticiones de curso. Por no hablar de la capacidad dramática para dar botes en el asiento, escribir garabatos a toda velocidad, ponerse tiesa, abrir mucho los ojos mirando a uno y otro lado y tener la cara enrojecida mientras tiraba el boli en la mesa lo vuelves a recoger varias veces, etc. Todo un número.

A la fuente de tan distinguidos olores le dio por pensar que sería bueno invitar a la repetidora a su casa a hacer las traducciones de latín que mandaba el profesor. Para entonces las matemáticas eran tema superado ya que no eran obligatorias en ese curso. Pero en clase no se sabía.

Por sabe Dios qué, la olorosa amiga se empeñó en que la repetidora tenía que traducir para las dos, pero en casa de la repetidora, pese a ser advertida de que la casa no tenía comodidades para tal tarea “conjunta” ella se empeñó, por supuesto no volvió.

Un imprevisible obstáculo impidió que en el último curso se afianzaran más esos lazos. La repetidora que ya no lo era de esos cursos, tenía overbooking de citas para quedar a estudiar, a hacer trabajos de esto o de aquello, además la repetidora se echó novio, en parte gracias a la amiga fétida que al parecer estaba enganchada a la crónica de los amores imposibles de la repetidora y que contaba a sus amigas con las que salía los fines de semana y a sus hermanas. Un día de noviembre por empeño de su curiosidad acompañó a la repetidora a ver a su amor imposible y gracias a aquella visita el noviazgo acabó produciéndose. La repetidora le invitó a la boda de la que hizo una crítica basada en el pecado de no llevar corbata y otras cosas de las que se despacharía a gusto tomando el café al que fue invitada junto con otros asistentes a la boda por una compañera no invitada (la señorita del coche hasta los topes).

Capítulo aparte merece la del discreto olor bucal que podía montarte un buen pollo durante horas por decir que había quedado con unos chicos con los que se carteaba (entonces no se había popularizado Internet), pero no dudó en contar que en el viaje que hicieron a una capital europea la niña mona, otro compañero y ella, ésta había descubierto que los dos primeros se acostaban y que por ello tuvo que cambiarse de habitación.

Otro de los rasgos de la del discreto olor era que no llevaba bien que la repetidora se maquillara todos los días –dicho en voz alta al alcance de la repetidora: “qué dejarán para el fin de semana”, la repetidora no tenía fines de semana-, ella lo hacía el fin de semana y una admiradora suya no dudaba en alabarla ante la repetidora en una actitud propia de una enamorada que ensalzaba su pelo suelto –entre semana lo llevaba siempre recogido mojigatamente- y lo bien que se maquillaba, varios lunes a la salida de clase fue obsequiada con estas descripciones propias de un afectado por el Síndrome de Stendhal.

Tras casarse la repetidora e irse a la “uni”, la amiga del maquillaje de fin de semana SOLAMENTE, repitió COU, tras un par de visitas sólo hubo silencio. Una vez la repetidora preguntó a la niña mona qué pasaba y la repuesta no pudo dejar más perpleja a la repetidora. Ofendida e injuriada la repetidora sólo vio a fétida en compañía –AL FIN- de un chico con gafas a través del escaparate de una tienda de calzado. Fétida tras advertir la presencia de la repetidora bajó la cabeza y empezó a enrojecer. Nunca más se supo.

Nota: Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

domingo, 29 de agosto de 2010

Amistades perras II

La amiga sólo compañera





Descripción somera de hechos:





A llega tarde al curso





A hace aproximaciones al delegado y su entorno.





A es eximida de hacer los exámenes de la primera evaluación por haberse incorporado tarde y los hará a vuelta de vacaciones de Navidad.





A pide apuntes a diestro y siniestro, entre otros a B.





Tras las notas A se sienta junto a B cuando la compañera de B no está.





A propone a B hacer el trabajo de literatura sobre "Luces de Bohemia" conjuntamente para lo que A invita a B a comer a su casa porque según A ella no ha leído nunca un libro porque siempre tenía amigas que le hacían el resumen, debe ser por eso por lo que se ha tirado 9 años para llegar a COU.





B hace el trabajo y antes de entregarlo A advierte al profesor que A y B han hecho el trabajo conjuntamente.





El profesor califica el trabajo de B a la baja cuando suele ponerle más de notable y en el último examen sacó un 10.





A empieza a invitar a B a su casa a estudiar para que le explique cosas que no entiende.





A intima con un profesor y se descarga con B.





A hace una cena de fin de curso al margen de muchos alumnos a la que van profesores. B no va porque le han invitado a otra y acaba por no ir a ninguna.





A queda con B para ir a los exámenes de Selectividad y para estudiar en su casa la noche que media entre los días programados para los exámenes.





Tras la Selectividad, B nada sabe de A, sólo que pensaba hacer una diplomatura donde vivían sus padres en lugar de hacerla en la universidad de la provincia dónde vivía con su marido.





B va a matricularse en la Universidad de una capital a 50 Km. de donde vivía anteriormente, siente el impulso de llamar a A para ver como le va todo.





Casualidad: A va a matricularse en la misma carrera y en la misma Universidad que B. Quedan por tanto para verse en la cola.





A y B quedan durante el verano algunas veces junto con sus parejas.





A confiesa a B que le dice a su familia que B es su diosa "de los estudios", se supone que eso quiere decir que es su modelo a seguir.





B ofrece a A y su pareja ser los padrinos de la boda y A se niega aunque sí va a la boda. B se lo ofrece porque en cierto modo A evitó que B rompiera la relación y en una discusión derivada del disgusto de la familia del novio de B por que B estudiara A se presentó a tranquilizar la situación.





A invita a B y a su novio a la casa de sus padres, allí sin venir a A dice que B sólo es una compañera en el transcurso de una conversación que A tiene con el que fuera su profesor de autoescuela con el que según confesión de A a B tuvo un rollo.





B empieza a sucumbir a los problemas derivados de casarse en contra del gusto general –familia política y sorprendentes aliados de ésta-, le están haciendo a B y a su pareja "un Romeo y Julieta"; empieza a faltar a clase.





A ya no le guarda el sitio y B descubre que A se sienta y ha estrechado lazos con el delegado y su entorno.





Un día a B le pide una alumna ayuda para completar sus apuntes perfectos de letra enorme aunque diáfana y preciosa. B se queda al finalizar las clases con la chica para que los complete ya que aunque B coge todo, la letra de apuntes de B es ilegible y tiene que traducir.





A empieza a meter prisas a B para irse porque pierde el autobús. B le dice que se vaya sin ella. A dice que la espera. Al irse A regaña a B por ayudar a la chica (leer más arriba porque A se acerca a B).





B cada vez falta más a clase, pero A no parece advertirlo ya que ni le llama.





Vienen los exámenes. B se presenta y descubre que A no está. A dice que los está haciendo en otro aula con el delegado y gente afín. B sólo hace ese examen que es para el único que consideró estar preparada.





Un día A llama a B. Tiene una asignatura atragantada y necesita que B se la explique. B dice que no puede. Ya no vuelve a haber contacto. B no vuelve a la Universidad y no quiere saber nada.





Un día yendo al rastrillo B se encuentra a A, intenta pasar de largo, pero A retiene con su saludo a la pareja de B. B escucha lo que tenga que decir mientras observa que va con una chica alta, gruesa, con el pelo muy largo, peinado con una coleta que le recoge un tercio del pelo en la nuca. Una chica normal, de apariencia humilde y a B le parece que es una chica inteligente y empollona sin mucho mundo. Seguramente con los dieciocho años recién cumplidos. B se ve reflejada en esa chica.





A informa a B de que ha aprobado el único examen al que se presentó, B aparenta no darle importancia. La pareja de B le anima a ver la nota, que seguro es raspada y así es aunque se aprecia un borrón abajo como si antes se hubiera puesto otra cosa, quizá le habían suspendido en un principio.





Al cabo de los meses B encuentra un lugar estable en el que vivir, pone el teléfono y pasado el disgusto llama a A para ofrecerle el teléfono. A informa a B: "no lo necesito". B le da las gracias y cuelga. B no vuelve a saber nada de A, A como queda claro no quiere saber nada de B.





Tras esta narración sucinta de hechos:





A = ¿…?





Nota: Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

sábado, 28 de agosto de 2010

Amistades perras I

Hay gente que aunque se haya ido de tu vida por la puerta falsa nunca se termina de ir de tu cabeza. De repente un día desde su última actuación te descubres pensando en esa persona.

Puede que haya gente condenada a entenderse, y tal vez sea el caso.

La amiga fantasma

Existen personas con las que por una relación dada se creen con derecho a nombrarte amigo, no le das importancia, menos aún de niño, pero de mayor descubres que esa palabra debería significar más de lo que quienes la pronuncian en vano quieren decir con ello.

Se te puede dar el caso de coincidir en un espacio con una compañera de colegio y te diga:

“Que bien que volvamos a ser amigas después de 20 años sin vernos”.

¿Puede convivir en la misma frase el concepto “amistad”? con el hecho de “20 años sin vernos”. Tan amigas no seríamos cuando en 20 años no ha habido ni un “¡Hola!”. Pero es aún peor cuando tu memoria, que según dicen es muy buena, te retrotrae a esos tiempos en los que habitaste con esa “amiga” y descubres que no, que nunca fue amiga tuya, que ni siquiera os sentasteis juntas pupitre con pupitre, que te sobran dedos de la mano para recordar los recreos en los que compartiste juegos con la susodicha “amiga”, y que si recuerdas su voz no es precisamente por que tuvierais una conversación.

Y es un caso que se le debe dar a demasiada gente dado el asombroso afán por la nostalgia, las reuniones de exalumnos y las redes sociales. La gente le teme a la verdad, pero la pura realidad es que asistir durante ocho cursos a la misma clase no convierte a dos personas en amigas, todo lo más en conocidas.

La amiga suplente

En cambio, por práctica si puedes ser amiga de una persona, aunque dentro de ti esa persona nunca te llegue sin una razón concreta que explique que no te sientes en sintonía con ella, y que hasta a veces hagas un esfuerzo por tolerarla. Son cosas extrañas, de las que puestos a culpar es uno el responsable, pero en la comunión de las almas –cursi, pero mejor que decir “corazón”- no se manda. Que alguien te nombre amigo no basta para que en una relación entre dos personas haya verdadera amistad. De facto sí se puede afirmar que en este segundo caso sí la había, pero por el otro lado era un más dejarse hacer por que no había una razón válida para herir a esa persona rechazándola, y a veces hasta se pasaba bien dejándo el recuerdo de una tarde de un domingo de invierno soleada esperando sentadas en un escalón cercano a una academia de corte y confección para ir a casa corriendo y ver “Candy, Candy”.

Y quizá esa falta de entendimiento por una parte haya sido el arraigado pensamiento de ser sólo la amiga suplente a falta de las amigas que realmente quería tener esa persona, pero para su desgracia raramente le hacían caso. Pero de esto sólo alguien se acuerda. Y es que la memoria es muy frágil.

El mundo de la rara amistad deja muchas anécdotas en el camino. Y en el caso de la amiga suplente viene a mano recordar a aquella señorita que tras cambios de centro sin cuajar en ninguno aterrizó en un segundo curso de nocturno. “Yo la verdad que me he apuntado para hacer relaciones sociales”, decía. Pero las relaciones que fomentaba eran más masculinas que femeninas a excepción de su amiga de toda la vida que la acompañaba en la aventura de ampliar su marco social. Cuando acababa aquel curso tuvo a bien acercarse a una de las empollonas de la clase y soltarle su gran disgusto con su amiga de toda la vida que se había reído de su novio en una reunión porque no pagaba la ronda, a raíz de ello decidió no hablarle más, pero se había quedado sin su paño de lágrimas y a falta de eso se colgó que de la empollona que no vivía muy lejos de su casa, en realidad tan cerca que la señorita se llegó a disculpar por no ofrecerle el coche ya que siempre iba hasta los topes con otros compañeros.

La empollona escuchaba paciente, sin nada mejor que hacer y la señorita del coche hasta los topes continuó conversando llegando a confesar sus problemas en los centros escolares y que se había llegado a tomar aspirinas. Aquello a la empollona sin experiencia le causó una mezcla entre sonrojo y preocupación. El verano pasó y el año siguiente al iniciar curso la empollona fue a sentarse con sus compañeras de siempre, pero una garra la asió con fuerza y la sentó en los pupitres que estaban frente a la mesa del profesor. La señorita del coche hasta los topes ya había sustituido a su canosa amiga de toda la vida por la empollona gordita que para no herir los sentimientos de una declarada suicida con aspirinas aguantó hasta que un golpe de suerte dividió a la pareja poniendo a cada una en una clase, aún así los ataques de celos por las nuevas amistades del último curso de la empollona fueron constantes hasta que llegó la cena de fin de curso. La empollona ante la disyuntiva de asistir a dos decidió no ir a ninguna. Aún así la empollona fue obsequiada con un pantalón arrojado de mala manera al pupitre en el que estudiaba en la clase, se ve que lo traía estudiado de casa para castigar a la empollona por no haber ido a su cena, ignorando que tal vez no había ido a la otra. La señorita del coche hasta los topes de tíos no cesó en su provocación “Te doy esto que me han regalado por comprar un pantalón para tu cumpleaños por si no nos vemos”. La empollona decidió tragarse el sapo no iba a permitir que una loca de atar le amargara cuando quedaban unos días para la Selectividad. No miró nada ni dijo nada.

La amiga de visita

Otro ejemplo de amistades perras son aquéllas que vienen debajo del brazo de los amigos de tus padres. Puede ocurrir que precisamente esa amiga a imponer por el bien llevarse te resulte poco atrayente por no decir repelente, no se te ocurre de que hablar ni a qué jugar porque la muchacha no te inspira. Sólo estás pensando en que sus padres pongan fin a la visita y se lleven su amistoso paquetito por donde vinieron porque lo pasas mal, no lo estás haciendo bien, no sabes como hacerlo mejor y delante de ti hay un ser que por designio de sabe dios qué norma social no escrita pretende que le entretengas cual bufón del rey. En las siguientes visitas te escondes de la niña y encerrada en una habitación dejas pasar el tiempo mientras te muerdes las uñas. Al cabo del tiempo ya ni te acuerdas, esa gente tan entusiasta ya no viene, quizá debido a que no les entretienes a los vástagos, pero tu actitud poco hospitalaria acaba recibiendo su merecido. Un principio de curso cuando menos te lo esperas te encuentras a la niña de ojos de pájaro, pelo lacio y corpachón en un pupitre y te maldices por haber nacido.

La niña de ojos de pájaro no es olvidadiza y cuando tiene oportunidad te cobra con creces.

Primer cobro:

Yendo por parejas en una excursión tu compañera te la juega porque se quiere ir con su amiga porque se aburre, tú la entiendes –quién mejor que tú- y consientes. Se descubre que no están en el recuento en una plaza de la turística ciudad. Pasa el tiempo, la buscas con la mirada dando tantas vueltas a la cabeza que pareces la niña del exorcista y ya comienzas a pensar en lo que te ocurrirá si no aparece nunca más, te imaginas en la cárcel con grilletes a lo Conde de Montecristo y sintiéndote enormemente culpable por no ser más dura. Estallas en llanto y la amiga de las visitas yergue su dedo índice y con la misma autoridad de un fiscal que en lugar de llevar las puñetas en las mangas las lleva en el dobladillo de la falda acusa conminando a un profesor a prestarle atención:

“Llora, llora. ¿Crees que lo vas a arreglar todo llorando?”

Sólo esa frase basta para que la ira aplaste el llanto y la preocupación. Al poco tiempo las desaparecidas hicieron entrada por uno de los accesos a la plaza.

Segundo cobro:

Por motivos que no se recuerdan al salir de clase un mediodía el tutor llamó a esta parte. Se hallaba en compañía de otras niñas de la clase, entre ellas estaba la niña ojos de pájaro cuyos padres visitaban a los míos. Tal reunión se debía a un impulso piadoso del docente que quería obligar a las niñas que lo acompañaban a que se hicieran amigas de esta parte porque según él no debía estar sola. Impertérrita, ya que en seis años nunca nadie había tenido esa deferencia con mi persona me lo quedé mirando. Pero al mirar a la niña ojos de pájaro debió notarse que la sugerencia del educador no me parecía irresistible y la niña ojos de pájaro con aire adulto y mucha suficiencia contó su nefasta experiencia conmigo y cómo cuando ella aparecía por la puerta yo desaparecía por la otra, dando así un ejemplo de porqué había que darme por perdida. Y es que querida amiga ojos de pájaro que te hacías los vestidos a mano, puntadita a puntadita, no te acordarás como todos aquellos habitantes del pasado con los que tienes algún fugaz encuentro que tienen una pésima memoria en especial aquellos a los que no les favorece, pero la amistad no se impone, o nace o se deshace, es como el amor. Todo lo demás es aguantarse. Y tal vez exista algún ejemplo de amistad que haya empezado siendo una amistad a la fuerza y haya acabado por ser una auténtica amistad, así como había y quizá haya aún matrimonios que hechos por conveniencia continúan por amor. Pero sería mucho esperar. La amistad es un sentimiento y si no surge espontáneamente mejor dejarlo estar. Por supuesto esto no vale con los amigos de Facebook, que concebido para comunicarte con tus amigos existentes sirve ya para conocer a gente nueva con la que la relación nunca puede llegar a los límites asfixiantes de los casos anteriormente descritos. En Facebook la amistad se aguanta lo que te dura la conexión o incluso menos.

Nota: Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

miércoles, 30 de junio de 2010

Calivo 004

Los dos hombres solos, Johnny y Winston traspasaron la puerta de “El Churro Enmascarado”, el bar donde se prometía un ágape para celebrar el único triunfo del pueblo que había conseguido el club de fútbol de las chicas.


Hacía poco el establecimiento había sido remodelado, pareciendo más viejo que nuevo a pesar de la reforma. La moda de las casas rurales imponía una cierta vuelta atrás aunque muy conveniente, pues el mobiliario anterior era tan moderno como casposo, propio de los años 70 llevando sin cambiarse desde entonces. Los zócalos imitación madera habían desaparecido, así como las silla de aglomerado con lámina de imitación madera y patas de tubo de aluminio. La barra vio también su fin. A pesar de que el bar en el que Torrente hubiera sido feliz había sido tocado por la varita mágica de lo neorrural, algunas cosas del pasado reciente persistían como las colecciones de llaveros colgados de su clavito en la viga más visible, los retratos de celebraciones y triunfos futbolísticos del desaparecido equipo masculino, así como posters del As con su pátina amarilla de humo de tabaco y aceite de fritanga.

El baño estilo turco encontró lugar en los escombros y gracias a ello muchos parroquianos de “El Churro” pudieron usarlo sin temor a caer despanzurrados en el suelo.

Algunos rumoreaban que Venancio, el dueño de “El Churro” conservaba secretamente entre sus recuerdos el recuadro de plástico amarillento donde aparecían los muñequitos que señalaban el baño de señoras, y el de caballeros. Éstos habían sido sustituidos por otros que aún no habían acumulado sobre sí el desprestigio de indicar ese habitáculo que suele anunciar el inconfundible lugar por su olor a lejía y orín cervecero. Cuando esto se comentaba otros decían:

-Pero lo habrá desinfectado.

Otros apuntaban:

-Lo tendrá junto a la primera Mahou sin enjuagar que sirvió.

Allí debía estar en la trasera del bar que hacía las veces de trastero donde aún podían encontrarse las cajas de plástico de Mirinda, junto a la máquina del millón averiada y que nunca encontró interés en arreglar, así como el futbolín a cuyas barras se habían enganchado varias generaciones de lugareños.

-Qué, Mister, ¿para cuándo la copa de Europa? –se rió con increíble sonoridad para su diminuto tamaño el tipo. Johnny le miró sin saber qué contestar y Winston decidió hacer suya la pregunta al contestar.

-Para cuando a ti te crezca la polla.

-¿Es que él no tiene boca para hablar? –dijo el tipo pequeño a modo de defensa. Winston se limitó a mirarlo con desprecio.

-A relajarse –dijo Venancio el tabernero –sin rencores.

-Un Bloody Mary –pidió Johnny con sorprendente malicia.

-Anda, que te he dicho que esas rarezas no las servimos –se rió Venancio al ver el nuevo ánimo de Johnny.

-¿Dónde está el otro? –Winston miró a Venancio con extrañeza sin saber a qué se refería –Sí hombre, Fernandino y vosotros dos vais siempre juntos como los mosquiteros esos.

-Pues sabes tú mucho de eso, Venancio, ¿esa es la nueva tapa que vas a poner con la caña?

-Sí, dijo Johnny en lugar de palillos que ponga espaditas como las de los mos-qui-te-ros –se rió con gusto disfrutando de la broma mientras Venancio le miraba con mala cara.

-Que no se dice así ¿no? Siempre te ríes de mí cuando digo algo mal. No debieras. Soy quien te da de beber y te aguanta cuando te da la llorera por ya sabes qué. Y, tú, Carpanta, si quieres doble tapa no te cachondees. Que luego no te atreves con el que no te atreves.

-Anda ya… -respondió el aludido que le había entendido todo aunque no dijera casi nada. Carpanta, no se llamaba así, se lo pusieron por lo mucho que tragaba y a pesar de ello perdía las apuestas con don Jaime a propósito para contar con el favor del cacique. Pese a que su buche daba mil veces más de sí cuando notaba que don Jaime no podía más dejaba de comer los huevos fritos que eran el objetivo de la apuesta. Otras veces eran yogures. La mujer de don Jaime le hacía responsable de la gota de su marido por aceptarle los retos. Algunas fotos de esos acontecimientos colgaban de las paredes de “El Churro”, que ya se quedaban antiguas pues la gota atormentaba al orondo cacique más que sus culpas.

El tiempo pasaba y no aparecía la gente que creían que iba a llenar el local hasta los topes.

-¿Esperamos a más o no? –se desesperaba Venan.

-Te dije que era mejor si venían las niñas. ¿Dónde se ha visto celebrar algo si no están las protagonistas?

-Eso el día de la copa, a ver si don Jaime se estira.

-A mí eso me da igual –dijo Johnny airadamente.

-No te hagas el digno, con el esfuerzo que ha costao, así la ponemos en el bar, y se las restregamos al mosca verde del pueblo de al lao y todos.

-Como queráis, pero a ver quien se lo dice, Venan, tú que lo sabes tratar… -en ese momento la puerta se abrió dejando ver a don Jaime que adelantaba la garrota. Carpanta lanzó su enorme mole sudorosa con una celeridad sobrenatural para llegar hasta el cacique y ayudarlo, éste no se dejó y con apretar de dientes sobrellevó el dolor de los dedos al bajar los escalones a través de los que se descendía a los dominios de Venan. Carpanta, previsor él, no se apartó por si se caía. Casi setenta años de institución caciquil en Pedroso del Ponte ponían su pie en el remodelado bar y ahora casa rural gracias a las subvenciones de la Junta y a que al bar se agregaron dos habitaciones que antes eran troje con sus correspondientes baños. El Venan pretendía que le incluyeran en la famosa guía de carreteras, tanto premio creía él que merecían sus tapas y sus esfuerzos remodelatorios más higiénicos y decorativo. Las pocas señoras que tiraban de bravura para entrar a la tasca gozaban haciéndolo sufrir destacando las similitudes de la decoración rústica con las de la casa de huerta donde ellas pasaron su niñez.

-Venan, recuérdame que te traiga ristras de ajos y de pimientos, así me sentiré como en casa y más joven –ponerse en la órbita del progreso para servir de recordatorio a las reliquias femeninas del lugar hacía que el barman-posadero bufara de rabia lo cual hacía reír a sus torturadoras.

-No te enfades, Venan, le decía la Matilde –que tengo yo un arcón de mi abuela que lo podías poner aquí, que dice el Fernandino que es mucha moda. –La que faltaba por aguantar, la Chicharra del Pueblo, cuñada por demás. Más que matrimonio, cuando conoció a su cuñada le pareció “maltrimonio” como le gustaba contar lamentándose ante la clientela cada vez que la Matilde salía a relucir en algún chascarrillo normalmente promovido por ella.

El Venan sirvió un vino blanco (del bueno) a don Jaime que se había sentado en la mesa central de las cinco que había.

-Un brindis, enhorabuena al vencedor y a la compañía –alzó la copa y bebió de un trago. Tosió y levantó la mano abierta en ademán de callar a los que fueran a hablar.

-A ver el que sea que se informe de las copas y me venga por el dinero. Usted mismo ¿no es el entrenador? –señaló a Johnny que un poco aturdido y reticente se acercó vacilante y preguntó:

-¿Copas? ¿Ha dicho copas? Sólo creíamos que una.

-Sí, copas, una por niña de las chiquitinas y otra grande que se ponga aquí, y una especial para la capitana del equipo. ¿Quién es? –Disimuló como si no supiera –a la de la capitana encargad que lleve su nombre.

Venan escondió una sonrisa bajo su mano que rascaba un fingido picor, Johnny identificó el gesto y lo relacionó todo.

-Ya le informaré, muchas gracias don Jaime, ¿qué tal su gota? –preguntó Johnny.

-Doctor, muy bien ella, muy mal yo.

-Siga las instrucciones y no coma o beba lo que sabe que no debe –dijo Johnny cogiendo la copa de don Jaime en su mano y balanceándola por décimas ante la cara del cacique que por momentos ponía cara de niño enfadado y hasta un poco avergonzado.

-Doctor, no me atemorice, para lo que me queda en el convento…

-Yo hago mi trabajo, usted haga lo que quiera, luego no me podrá reclamar. ¿Cómo está su esposa? Hace tiempo que no viene a consulta.

-Igual, doctor, igual –lo dijo tan apesadumbrado que parecía más criado que amo.

De los que no habían abierto la boca se quedaron con ella abierta del asombro, nunca habían visto la desenvoltura de Johnny y el apocamiento del viejo. Lejos de despertar admiración se explicaron la osadía del médico en que al final todos dependían de él. Una cierta punzada de envidia sacudió el corazón de algunos, incluido el de Winston, que en ese momento revivió el deseo de antaño de pegar a Johnny como cuando eran pequeños: el repelente niño sabelotodo que todos los profesores usaban para atormentar con su buen ejemplo a los que no sacaban buenas notas. El santito buenacito, don perfecto. En ese instante de remembranza la comezón no le dejaba ver que sus pocos éxitos académicos eran compensados por su gran habilidad social gracias a la cual se había situado laboral y económicamente por resultados mejor que Johnny. Winston encendió de forma compulsiva un cigarrillo cuyas caladas no lograron calmarle, sólo la vuelta a su ser de Johnny que había terminado su perorata de matasanos y se había bajado del pedestal sagrado de la medicina hizo que Winston retomase la conversación dejada por aquél con don Jaime.

Tras el repaso hecho a los achaques de su mujer y a los suyos propios al ver a Winston se acordó de su pelirroja mujer que lo había fastidiado durante toda la mañana.

-¿Tú mujer es pelirroja? –Le espetó sin más –ten cuidado que dicen que las pelirrojas dan mala suerte.

-No lo era. Pelirroja –Winston se quedó pensativo. Le inquietaba que don Jaime hubiera reparado en su mujer. “¿Le habrá echado el ojo?” se preguntó intentando ahogar el sobresalto ocasionado por ese pensamiento.

-Ayudadme –ordenó don Jaime. Carpanta y el chofer le asistieron.

-Hasta pronto, Doctor y a la compañía. Venan, en mi cuenta –hizo un círculo imaginario en el aire para decir que los presentes quedaban invitados. Venan, asintió entendiendo.

-Gracias, don Jaime –corearon al unísono casi todos. Johnny se pensó si debía aceptar la invitación, pero decidió que era peor no hacerlo. Se preguntaba si merecía la pena crear un conflicto por una pequeñez así para poner a salvo su inquebrantable dignidad, o su dignidad seguía a salvo a pesar de aceptar una copa del cacique del pueblo. Miró a Winston y decidió que lo pensaría otro día. Winston le había dado muchas lecciones de indignidad cuando eran pequeños y ahora eran amigos.

Por la noche mientras cenaban en casa de Rachel intercambiaron sus vivencias de ese día. Cherry y Rachel habían acordado no hablar del seguimiento de don Jaime y para no poner alerta a la niña.

Con gran ceremonia Winston anunció una sorpresa para Arabia:

-Habrá copa, una para cada una, y otra especial para la capitana con su nombre y todo.

-¿Para mí? ¿Y la grande en “El Churro”? ¡Qué guay! Voy a llamar a mis amigas.

-¿Quién va a pagar ese derroche? –preguntó con malicia Cherry sabiendo de antemano la respuesta.

-¿Quién crees tÚ? –contestó Johnny desafiante sin poder apartar la vista de la blancura de los perfectos dientes de Cherry. Rachel se levantó y se fue a la cocina.

-Johnny, ve tú, yo no sé qué decirle, la culpa es mía, yo animé a Arabia a jugar.

Cuando Johnny entró Rachel estaba echándose agua del grifo del fregadero en la cara. Él sacó un pañuelo de tela con sus iniciales bordadas por su tía monja. Con geste decidido le cogió la barbilla y le limpió la cara. Ella cerró los ojos aspirando la delicada fragancia a romero que expedía la tela blanca.